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Gastronomía y Arte Contemporáneo: María Izquierdo

Cuando surgen las vanguardias en las artes plásticas durante el siglo XX de igual manera la gastronomía se puede relacionar con ellas y nosotros podemos hacer el ejercicio de descubrir quien inspira a quien, o si es mutuo el homenaje que hay entre pintores y gastrónomos.

Un ejemplo en nuestro país es María Izquierdo (1902-1955), quien nació en San Juan de los Lagos, un lugar religioso de las marianas desde el siglo XVII, que se llenaba de visitantes y muchos rostros, ferias coloridas llenas de comida popular, por esto es que sus biógrafos dicen que este ambiente influyó en las vigorosas líneas y el colorido brillante de su pintura.

Su vida estuvo desde la infancia llena de estos colores y elementos de la vida provinciana en México, las figuras de barro, los juguetes coloridos, los puestos de frutas y golosinas entre los que destacan las jugosas sandías, las flores en los altares domésticos, así como las procesiones y los personajes que trabajaban en las ferias ambulantes que acompañan a toda fiesta popular religiosa en el país.

Por lo tanto, no puede extrañarse el espectador de su obra sobre la recurrencia en los temas de esta artista.

Encasillarla en una corriente plástica específica no es posible, en su momento histórico se habla de la Pintura del Realismo Socialista con los tres grandes muralistas, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros que con su fuerte expresionismo cubriendo la mayor parte de los muros de los edificios públicos oficiales crearon un destino en la plástica mexicana y ocuparon la mayor parte de la escena artística (Eimert, Dorothea, 2013), pero ella no participó de estos esfuerzos aun cuando comparte elementos.

De acuerdo a Ruíz Durán la época de los 40, fue la de su mayor consagración, ya que logró destacarse a pesar del medio adverso, llega con la originalidad que le presta el ser mexicana, el ser mujer y el ser pintora y triunfar tanto en el país como en el extranjero acometiendo todos los géneros pictóricos, el paisaje, el retrato y los bodegones o naturalezas muertas que son el tema de este breve trabajo.

María expuso su obra en París, justamente en un restaurante llamado “La Vi Parisienne” en Montmartre, en el que muestra de manera gastronómica unos murales portátiles llamados: Pescados en el Paisaje Marino, donde se observan unos huachinangos, Piñas en el paisaje terrestre, adonde se observan estas frutas tropicales junto a los flamboyanes o flores de fuego, equilibrando el amarillo intenso con el rojo y por último Homenaje a Montmartre con sus muy emblemáticas sandías enteras o en rajas en un paisaje yermo, resolvió un problema decorativo en una área de comedor generando una explosión de arte que impulsa a los comensales.

Todas sus naturalezas muertas, no es justo llamarlas así, porque son un canto a la vida y al color de los frutos de la tierra mexicana, muestran su pericia, su conocimiento sobre el arte popular y sobre la coquinaria que se ha mantenido en la mente de los comensales.

No por algo en este siglo XXI, la gastronomía mexicana ha sido nombrada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Hay algo muy grande para el gastrónomo en todos los bodegones de María Izquierdo, una grata relación e irrealidad que nace de relacionar los alimentos con el paisaje, su pintura es franca, amplia y bien cuidada en los detalles y el colorido excepcional. Frutos maduros e inmaduros nos hacen apreciar que esta mujer no solo dominaba las tareas de la cocina si no que las mismas la hicieron trascender no como mujer cocinera, si no como artista de la plástica nacional.

No necesitó de los muros que le negaron los tres grandes de su época para generar una profunda visión del trópico con gran sencillez; en sus bodegones se puede citar en cuanto a técnica a Cezanne, por la perspectiva, la distribución de los elementos, la pincelada enérgica y vibrante. Pero aporta algo propio en sus gigantescas sandías, en sus hermosas piñas, temas muy recurrentes donde se plasma su infancia personal y sus orígenes espaciales.

A diferencia de Cezanne, muchos de sus modelos en sus naturalezas muertas no necesitaban estar a la vista, se los sabía de memoria como si fueran parte de su piel, esto solo ocurre cuando el artista ha metido las manos intensamente en la cocina.

Saca sus elementos de la materia perecedera a la que pertenecen y los convierte en inmortales, produce continuamente como se respira, a la velocidad de una cocina que no para de trabajar para atender a todos los ansiosos y exigentes comensales, con la sencillez de las cosas cotidianas y familiares que de otro modo pasarían desapercibidas.

En la cocina mexicana todo se aprovecha y esto convierte la naturaleza de la misma en arte, se emplean los frutos, las flores y los insectos, se mezcla el dulce del chocolate con el violento sabor arrebatado de los chiles, todo es posible y como dice Elena Poniatowska

“María Izquierdo come su propia obra y no le hace daño al estómago” (Las siete cabritas, México 2000).

Según sus biógrafos, ella pintaba en su casa, con su ollita de café al lado, su rostro casi indígena y la sencillez que siempre le acompañó.

María Izquierdo va contra la corriente y aparece como una pintora nacionalista, con un estilo propio que inclusive le generó enemistades en los círculos artísticos de la época, tampoco es surrealista y representa en la sencillez de sus conceptos y un testimonio imparcial (Ruíz Durán, México 2013). Sus pinturas son una prolongación de sí misma.


Fecha de publicación:18-01-2022

Fuente:A la Carta

Autor:Pilar Prado

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