Escapar a la naturaleza puede seguir muchos caminos, están los senderos que escalan montañas, los que atraviesan bosques y desiertos, y los que desembocan en la playa, pero recientemente, una nueva variante del ecoturismo, impulsada por nuestro creciente interés en relacionarnos y entender los espacios naturales, ha ganado nuevos adeptos en la comunidad viajera: El agroturismo —una rama del turismo dedicada a visitar áreas rurales para participar, de primera mano, en las actividades agrícolas de la región— propone el acercamiento al campo como una vía para conocer a profundidad la cultura local.
Entre los destinos más populares que componen la cartografía del agroturismo se encuentran fincas, huertos, viñedos y ranchos, en donde los visitantes se involucran en actividades como la siembra, la cosecha y la cría de animales, además de asistir a festividades tradicionales, ferias artesanales y gastronómicas, y mercados, facilitando que la derrama económica del turismo se reciba, directamente, por los productores y de la localidad.
En la última década, viñedos y otros campos de cultivo, como cafetales y sembradíos de agave, han aprovechado la popularidad del turismo gastronómico para desarrollar movimientos como la restauración farm to table e incorporar comprensivos programas de hospitalidad, sostenibilidad y bienestar.
De esta manera, desde las granjas, los viajeros estamos encontrando nuevas maneras de relacionarnos con el patrimonio natural y cultural de las zonas rurales que envuelven a las grandes ciudades.










