Los chilangos somos expertos en disfrutar de la comida, un ritual social que nos une, que relaja a los tensos y tensa a los relajados, y entre plato y plato, copa y copa, va disipando cualquier rastro de tibieza en las conversaciones.
A pesar de nuestra destreza en saborear distintas cocinas del mundo, las propuestas griegas en la capital son escasas. Sin embargo, al poniente de la ciudad, se hace lugar el que -en mi opinión- será el nuevo restaurante griego favorito: Eliá Estiatorio.
El olivo, el trigo y la uva, los tres ingredientes emblemáticos de la cocina mediterránea, son los protagonistas en este lugar. Pero detrás de ellos se esconden secretos que los convierten en elementos versátiles e interesantes de la propuesta culinaria de Eliá. Desde su nombre, que significa “olivo” en griego, hasta la experiencia, cada detalle está pensado para transportarte a un lugar diferente.
El chef Carlos Terán, especializado en gastronomía griega, lidera la cocina de Eliá. Con su gran experiencia adquirida en los restaurantes griegos más famosos y reconocidos del mundo, busca continuar con las tradiciones gastronómicas, ahora en este lugar. La fusión de ingredientes traídos por sus dueños de viaje en viaje desde Grecia, materializa en la mesa la fantasía de su menú, que presenta un reto para quienes como yo queremos siempre probar de todo.
Eliá es un lugar que no sólo ofrece sorpresas en platos y copas, sin tener que cruzar el océano, te hace experimentar la magia de la comida, la experiencia particular que se vive al mezclar sabores y culturas antiquísimas, todo eso en la belleza de su terraza interior o entre las talaveras y mármoles de su barra.
Hay en Arcos Bosques una puerta que te transporta a lo mejor que tiene Grecia. Eliá es un tesoro escondido en la ciudad que te lleva a través del mar Egeo y te permite saborear la auténtica esencia de sus mitos, y la brisa de sus islas.
“Los malos hombres viven de lo que pueden comer y beber, mientras que los buenos comen y beben de lo que les permita vivir” que, de acuerdo a esta cita de Sócrates, seamos siempre más los hombres buenos que los malos. ¡Buen provecho!










