La burbuja del lujo ha sido en los últimos tiempos inmune a las turbulencias económicas y, aunque algunos se preguntan si el boom es sostenible y se detectan elementos que apuntan a una desaceleración, las previsiones para el conjunto del mercado de alta gama son mayoritariamente positivas.
Los superricos gastan cada vez más y desde más jóvenes. El mercado mundial del lujo sufrió un parón en 2020 por la pandemia, pero desde entonces ha crecido con fuerza y ya está por encima de los niveles anteriores al golpe del coronavirus, a pesar de que la sombra de la recesión y la inflación suponen una amenaza para la economía global. Las previsiones para 2023 apuntan a que el mercado premium alcance un valor récord de 1.5 billones de euros, entre un 8% y un 10% más que el año anterior, que también registró máximos, según las previsiones publicadas en noviembre por la consultora Bain & Company.
“Aunque hay en el horizonte algunos retos, como la fragilidad de la confianza del consumidor y las tensiones macroeconómicas, la industria ha demostrado que es fuerte y adaptable, y está preparada para seguir creciendo a largo plazo”, afirma Claudia D”Arpizio, socia de la firma.
“Las tendencias de consumo han evolucionado, con un énfasis notable en las experiencias, que han llevado el gasto a máximos históricos”, añade otra socia, Federica Levato.
El informe de Bain, realizado junto a la asociación italiana de productores de lujo Altagamma, incluye nueve categorías: bienes personales (moda, joyas y relojes), coches, viajes, vinos y bebidas espirituosas, gastronomía, decoración y productos para el hogar, arte, aviones privados y yates, y cruceros de lujo.
El factor generacional es clave.
Los consumidores más jóvenes se han convertido en un gran motor. Así, la generación Y (los mileniales, nacidos en los años ochenta) y la Z (su sucesora, los nacidos a finales de los noventa) explican casi todo el crecimiento en 2022 y se prevé que esta tendencia siga en los próximos años, según Bain. La compra de lujo es cada vez más precoz.
“El perfil del consumidor varía en función de su lugar de origen y edad”, opina Xandra Falcó, presidenta del Círculo Fortuny, una asociación que agrupa 70 marcas e instituciones culturales españolas relacionadas con el lujo. La demanda de productos y servicios sostenibles es cada vez mayor, y en todas las generaciones.
“También irrumpen nuevos grupos de consumidores, como el llamado lujo discreto (quiet luxury), que está asociado a los clientes que saben de verdad de una categoría, buscan calidad, diseño, origen y no un logo llamativo”, añade.
Un estudio de la consultora McKinsey, realizado en colaboración con el Círculo Fortuny y que se acaba de publicar, estima que el mercado de alta gama español facturó 17,700 millones de euros en 2022, lo que supone el 4.5% de este sector en Europa.
Precios al alza
El auge del lujo en todo el mundo se ha traducido en un extraordinario aumento de los precios en los últimos años. La inflación y la subida de costes, en especial tras el estallido de la guerra en Ucrania, han impactado en el conjunto de la economía, y el lujo no es una excepción. Según los datos de la firma de análisis de mercado Edited, los precios se han disparado más del 25% desde 2019.
Los expertos no niegan que pueda haber una desaceleración, que la fiesta de récords y crecimientos extraordinarios se haya acabado, pero coinciden en que el sector es fuerte. “La industria está bien situada con vistas al largo plazo, con una base fuerte y la convergencia de los distintos mercados de lujo”, vaticina Federica Levato, la experta de Bain, que remarca que la incertidumbre en la economía mundial es muy alta.
Primera clase en el avión
El turismo es uno de los pilares sobre los que se asienta el futuro del sector del lujo. Las principales aerolíneas están potenciando sus ofertas de business y primera clase, como un rentable canal de ingresos alimentado por una demanda en auge. Incluso hay más usuarios de vuelos privados. Mientras, proliferan los hoteles de lujo y hasta el todo incluido se ha vuelto premium.
“Los viajeros de alta gama valoran los viajes más participativos; excursiones a lugares remotos y maravillosos. O explorar un lugar conectando con la cultura local”, explica Pablo del Pozo, presidente y consejero delegado de la agencia de viajes de lujo Nuba.
“Para hablar del viaje más lujoso, primero debemos definir qué es el lujo; nosotros lo vemos como aquello diferenciado, único y exclusivo”, desde los viajes espaciales hasta “las experiencias con personajes célebres o en lugares memorables”.
Un ejemplo: “Una expedición al White Desert (en español, desierto blanco) de la Antártida a bordo de un dirigible de última generación, o con alojamiento en cápsulas climatizadas diseñadas al milímetro para el lujo y el confort”. Del Pozo explica que, por entre 100 mil y 500 euros, hay “un gran rango de productos y servicios de lujo que se pueden ofrecer”, como ir al Amazonas con una expedición guiada por científicos.
Sobre ofertas de lujo relacionadas con experiencias, desde hoteles a gastronomía, vinos, deportes, náutica y decoración, España sabe mucho, ya que este segmento representa casi la mitad del mercado nacional de alta gama.
“La apertura de hoteles de lujo se incrementó un 40% en 2022; y en este sentido, el interés de los consumidores por gastar en experiencias y viajes ha superado todas las expectativas”, explica Xandra Falcó. “Dentro del abanico de experiencias, el sector del wellness y bienestar personal experimenta un 10% de crecimiento anual, espoleado por las generaciones Y y Z, pero también por los boomers”, añade.










