Ubicado en el número 271 de la calle Galeana, en el centro histórico de la capital michoacana, brilla para felicidad de los viajeros Casa Alondra, un acogedor hotel boutique cobijado por el esplendor y la refinada elegancia de una casona colonial del siglo 17.
Detrás de una discreta fachada se esconde un exquisito sitio de hospedaje cuyo apacible patio central, con olivos y una antigua fuente, está bordeado por arcos de cantera.
Este hotel boutique intimista —de seis habitaciones— se encuentra a tan sólo unas cuadras de la Plaza de los Mártires y la Catedral de Morelia, en un sector con más de 249 monumentos catalogados, entre ellos 21 iglesias y otras edificaciones que, en conjunto, han sido declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad, por la Unesco.
En la atmósfera de este sitio se subraya el confort y la serena sofisticación para crear un remanso que armoniza la estructura original, cuidadosamente restaurada, con una cromática de matices claros, una reminiscencia del emblemático estilo provenzal francés, que acentúan el carácter de los elementos arquitectónicos con más de 400 años de historia.
Las habitaciones resaltan por sus techos altos con vigas de madera y pisos originales de mosaico, que son enfatizados por la luminosidad del interiorismo y el empleo de maderas en tonos cálidos y suntuosos materiales como el mármol.
La estadía en Casa Alondra se complementa con la propuesta gastronómica del restaurante Diego.
La narrativa culinaria de este centro de consumo es una manifestación de la experiencia de vida del chef Dan Corona, inspirada por sus vivencias nómadas y que refleja matices latinos con una esencia distintivamente mexicana.
Después de perfeccionar su arte en el restaurante Huniik de Roberto Solís, en Mérida, y de haber sido el Chef en el hotel boutique Casa Sandra, en Holbox, el chef Corona revitallza la vibrante escena gastronómica de Morelia.
El menú de Diego se distingue por su compromiso con los productos de proximidad.
Desde el pescado fresco proveniente de las aguas del Pacífico de Michoacán hasta las deliciosas fresas cultivadas localmente y los afamados aguacates del estado, el restaurante enfatiza la trazabilidad, así como la conexión con la abundancia de la región.
Entre los platillos destacados se encuentran algunos como la sopa espuma de alcachofas, la sopa tarasca, la ensalada de fresas o el risotto de roast beef.
Por su parte, en el Rhythm Room Bar, la mixología y una cuidadosa selección de vinos y espirituosos, se maridan con las creaciones de Corona. Ejemplo de ello es el pisco sour, que se acompaña con un ceviche peruano para el aperitivo.










