Si bien entre la mayoría de visitantes extranjeros las zonas arqueológicas de México, principalmente Chichén Itzá, Tulum y Teotihuacán, siguen siendo destinos obligados durante sus viajes, para los turistas nacionales ya no es así.
Según cifras del INAH, en los primeros nueve meses de este año, 7 millones 233 mil 719 turistas visitaron las zonas arqueológicas del país, lo que representó una caída de 43.4 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2019, antes de la pandemia y de que dichos sitios cerraran sus puertas de forma temporal.
A decir de Felipe Cervantes, presidente de la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes (AMAV), esta baja está relacionada en parte con la amplia oferta de experiencias turísticas que hoy se ofrecen a nivel nacional y que compiten directamente con estos recintos.
“La gente está prefiriendo mejor las experiencias turísticas en grupo. Cada vez hay más competidores que ofrecen experiencias organizadas de uno o dos días y que son atractivas para los turistas nacionales porque se acoplan a un fin de semana”, dijo.
En tanto, Francisco Madrid, director del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible de la Universidad Anáhuac Cancún, admitió que el visitante extranjero es el que más sigue mostrando interés por visitar los sitios arqueológicos del País, especialmente los más famosos.
“La recuperación se está dando más rápidamente en las vistas a museos que en zonas arqueológicas. La razón por la que hay este comportamiento quizá tiene que ver con que no hay promoción incluso para impulsar estos atractivos en el mercado nacional”, comentó.
No obstante, para los touroperadores la explicación de la caída está directamente relacionada con la inseguridad.
Un prestador de servicios turísticos que opera desde San Cristóbal de las Casas desde hace 40 años, pero que prefirió omitir su nombre por seguridad, afirmó que el crimen organizado ha “secuestrado” las rutas y accesos a las zonas arqueológicas en Chiapas, lo que ha ocasionado que sitios de gran relevancia como Bonampak hoy sean prácticamente inaccesibles para los turistas.
“Ahí cerca hay un grupo criminal que se encarga del trasiego de drogas, hay mucha inseguridad, y ellos han permitido que haya gente que cobre 150 por turista y otros mil pesos por cada vehículo que busca entrar a Bonampak.
“Eso ha hecho que muchas agencias dejen de operar en la región, porque saben que se está apoyando directamente a grupos de delincuencia organizada”, expuso.
Detalló que otro caso es el de la zona arqueológica de El Lagartero, ubicada en la ruta hacia la frontera con Guatemala, que hoy es complicada de visitar porque grupos delincuenciales se han adueñado del camino.
Otro ejemplo es Yaxchilán, donde los pobladores prefieren cerrar los accesos al pueblo y, por ende, hacia las zonas turísticas, para protegerse del crimen organizado.










