Cuando por fortuna o de manera deliberada surgen un cúmulo de nuevas ideas o de nuevos proyectos, saber cuáles desarrollar y en qué orden ejecutarlos puede marcar la diferencia entre el éxito y la pérdida de recursos. Es aquí donde la metodología Design Thinking y sus tres atributos clave: deseabilidad, factibilidad y viabilidad, se convierten en un sistema práctico y objetivo que nos permite evaluar y priorizar.
1. La deseabilidad responde a una pregunta fundamental: ¿a quién le importa esta idea? En el centro de este atributo está el usuario, cliente o beneficiario. Aquí no basta con que la idea sea creativa; debe conectar con una necesidad real y provocar una respuesta positiva en las personas. Para evaluar la deseabilidad, es importante considerar:
a) Empatía: ¿Entendemos profundamente los problemas, deseos o aspiraciones de las personas?
b) Atractivo: ¿El producto o servicio propuesto genera entusiasmo o interés genuino?
c) Valor percibido: ¿Resuelve un problema importante o mejora la vida de los usuarios?
2. La factibilidad tiene que ver con los recursos y la capacidad de ejecución. Aquí entran en juego los aspectos técnicos, operativos y organizacionales que determinan si una idea es viable desde el punto de vista práctico. Al evaluar la factibilidad, debemos preguntarnos:
a) Tecnología: ¿Contamos con las herramientas o sistemas necesarios? Si no, ¿es posible conseguirlos o desarrollarlos?
b) Habilidades y equipo: ¿El talento actual puede llevar a cabo el proyecto? ¿Se necesita capacitación o nuevas contrataciones?
c) Tiempo y recursos: ¿Cuánto tiempo llevará implementarlo y qué recursos humanos y materiales requerimos?
3. La viabilidad se enfoca en si el proyecto es económicamente sostenible y, en última instancia, rentable. Aquí evaluamos si la idea tiene sentido financiero y puede mantenerse en el tiempo. Aspectos clave para evaluar la viabilidad incluyen:
a) Costos y presupuesto: ¿Cuánto costará desarrollar e implementar la idea?
b) Modelo de negocio: ¿Cómo generará ingresos o retornos?
c) Rentabilidad y sostenibilidad: ¿Será posible mantener el proyecto a largo plazo? ¿Cuándo comenzará a ser rentable?
Es recomendable evaluar cada idea o proyecto con base en estos tres criterios, asignando una calificación numérica del 1 al 10 a cada atributo. De este modo, al sumar y obtener una calificación total, se tendrá un ranking que permita identificar rápidamente qué ideas o proyectos deben considerarse en primer término.
De modo que la próxima vez que se tengan varias nuevas ideas o nuevos proyectos sobre la mesa, el trío perfecto del Design Thinking puede iluminarlas con orden, sentido y resultados. ¡Ánimo y ACCIÓN! 💥










