En el estado de Querétaro la historia se bebe a sorbos, y es que desde 1531, se ha ido desarrollando una tradición vitivinícola que ha convertido a la entidad en una de las primeras opciones en México para los amantes del enoturismo. Además, su ubicación geográfica, en la zona centro del país, facilita la llegada de visitantes de otras ciudades.
Recientemente, en marzo de 2025, el territorio recibió la denominación Indicación Geográfica Protegida (IGP) “Vinos de la Región Vitivinícola de Querétaro”. Esta distinción, otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), reconoce las características únicas que los viñedos queretanos adquieren, gracias a su terruño, clima y técnicas de producción.
Contar con esta certificación es como tener el apellido de una familia de abolengo vinícola, asegurando que cada botella ha sido elaborada siguiendo reglas estrictas, desde la elección de las uvas hasta el momento en que el vino reposa en barrica. Es un compromiso de los productores locales con la excelencia.
RUTA DE SABORES
La variedad de las uvas que crecen en la región y la generosidad del clima, convierten los vinos de Querétaro en algo especial, en el hilo conductor que une la riqueza de su gastronomía y cultura.
Al igual que en las legendarias rutas del vino de Italia, España, Portugal, Francia, Argentina o Chile, donde las bodegas guardan secretos ancestrales y se baila sobre las uvas en tiempos de Vendimia, Querétaro emerge con una propuesta enológica de clase mundial, como ya se había mencionado, en el centro del país.
Ahí se destinan 500 hectáreas a la siembra de la vid; se cuentan con más de 300 etiquetas y un universo de vinos con nombres propios y apellidos.
Casas emblemáticas, como la burbujeante Freixenet México, Viñedos La Redonda, el negocio familiar Viñedos Donato y la vanguardista Puerta del Lobo son solo algunas de las vinícolas de este gran firmamento enológica.
Pero la magia no se limita a unas cuantas bodegas: de los 18 municipios de Querétaro, ocho son productores de vino: Tequisquiapan, El Marqués, Ezequiel Montes, San Juan del Río, Colón, Huimilpan, Cadereyta de Montes y Pedro Escobedo. Sin embargo, otros cuatro municipios más tienen características para la producción: Querétaro, Corregidora, Amealco de Bonfil y Tolimán.
Para quienes les llama la atención hacer turismo enológico, Querétaro cuenta con una amplia oferta hotelera para todos los presupuestos, así como experiencias temáticas: recorridos por viñedos, catas guiadas, talleres sensoriales, cenas maridaje, picnics y eventos, como la fiesta de La Vendimia y otros festivales, que combinan degustaciones, tours, espectáculos y muy buena comida.
El vino mexicano reclama su lugar con orgullo, ya que hace algunas décadas solo dos de cada 100 botellas que se consumían eran nacionales, mientras que en el presente la cifra es de 38 de cada 100 botellas, lo que muestra un crecimiento marcado en el gusto de los consumidores.
Si vas a explorar una tierra que habla a través del vino, Querétaro tiene sus copas listas para brindar.










