Es casi mediodía en La Habana cuando un puñado de turistas baja de un pequeño autobús amarillo y corre hacia una fila de relucientes autos clásicos, con sus cámaras en mano, de cara a una Cuba que se enfrentará a una catástrofe sin los envíos de petróleo de México y Venezuela.
Cerca de allí, bajo la sombra de un almendro de playa, un grupo de conductores se pone rápidamente de pie, algunos esperando su primer cliente del día.
Pero los turistas se toman un par de selfies rápidas frente a los autos de colores brillantes, que van desde un Pontiac de 1950 hasta un Buick de 1960 y se alejan.
“Esto está crítico”, afirmó Reymundo Aldama, quien conduce un Ford Fairlane convertible rosa chicle de 1957. “Estamos esperando que vengan, que venga trabajo”.
El turismo en Cuba cae en picada, en un momento en que la isla necesita desesperadamente esos ingresos. El número de visitantes ha disminuido casi 70% desde 2018. Durante casi dos décadas, un flujo constante de viajeros provocó un auge en el turismo, solo para que la pandemia de COVID-19 y los severos apagones provocaran su decadencia, junto con un aumento de las sanciones de Estados Unidos. En otro revés, la presidenta de México dijo el martes que ha habido suspensiones en el envío de petróleo a Cuba.
Ahora los cubanos, cuya subsistencia depende del turismo son algunos de los que más sufren mientras la isla se prepara para lo que, según los expertos, podría ser una crisis económica catastrófica tras la interrupción en los envíos de petróleo desde Venezuela después del ataque de Estados Unidos al país sudamericano y el arresto de su presidente.
La situación ya es acuciante para Rosbel Figueredo Ricardo, de 30 años, quien vende un popular platillo callejero cubano conocido como “chivirico”, tiras delgadas de harina frita espolvoreadas con azúcar.
Solía cargar 150 bolsas de chivirico cada mañana en una bandeja de plástico que equilibra en su hombro y, para la tarde, ya había vendido todas. Actualmente, solo carga 50 bolsas diarias, trabaja desde el amanecer hasta la noche y a veces no vende ni una sola bolsa.
“Yo soy técnico medio mecánico industrial. Y míreme aquí”, expresó.
Figueredo tiene una pareja y tres hijos, con un cuarto en camino, y está preocupado.
“Esto es el diario, esto se vive para comer”, manifestó.
Una tarde reciente, al no encontrar turistas cerca del famoso malecón de La Habana, caminó hacia la embajada de España, con la esperanza de que algunos de los muchos cubanos que hacen fila diariamente buscando una visa para salir de la isla le compren.
‘Una caída brusca’ en el turismo en Cuba
Durante décadas, el turismo le generó a Cuba hasta 3 mil millones de dólares al año.
Los visitantes llenaban los restaurantes, se aglomeraban a lo largo del malecón de La Habana y se reunían en imponentes monumentos y edificios estatales. El flujo constante de viajeros impulsó el empleo y llevó a abrir cientos de pequeños negocios, incluidos hostales y restaurantes.
Hoy en día, el malecón está salpicado principalmente de parejas cubanas o pescadores que esperan atrapar su próxima comida.
Cerca de allí, los manteles de los restaurantes vacíos junto al mar ondean al viento mientras los empleados sostienen menús y exploran el horizonte en busca de clientes que nunca llegan.
Alrededor de 1.6 millones de turistas visitaron Cuba de enero a noviembre del año pasado, significativamente menos que los 4.8 millones en 2018 y los 4.2 millones en 2019, antes de la pandemia.
Algunos cubanos temen que las crecientes tensiones entre Estados Unidos y Cuba, los cortes en el suministro de agua y electricidad y las grandes pilas de basura en populares áreas turísticas hayan ahuyentado a los visitantes.
La drástica caída en el número de turistas es especialmente grave porque las sanciones de Estados Unidos privaron a Cuba de casi 8 mil millones de dólares en ingresos de marzo de 2024 a febrero del año pasado, una pérdida casi 50 por ciento mayor en comparación con el período anterior, según estadísticas del gobierno.
Una tarde reciente, solo tres personas abordaron un autobús turístico de dos pisos conducido por Gaspar Biart.
Ha conducido durante 16 años y recordó con una pequeña sonrisa lo llenos que solían estar los autobuses.
“El cambio es inmenso”, dijo, señalando que las sanciones impuestas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han cerrado las puertas de Cuba. “No nos deja ni respirar”.
Cuando el turismo estaba en auge y el petróleo fluía, ocho autobuses turísticos de dos pisos hacían tres viajes al día por La Habana. Ahora, solo hay cuatro, y la mayoría están casi vacíos, dijo Biart.
“Hace falta que venga el cliente”, expresó. “Eso lo deseamos todos los cubanos… El turismo en un motor impulsor de la economía de un país”.










