Publicado en Diario Design
El sector hospitality está entrando en una nueva era en la que la experiencia del viajero se convierte en el centro de cada decisión. Ya no basta con ofrecer un lugar donde dormir: los hoteles, hostales y alojamientos híbridos diseñan entornos que inspiran, conectan y transforman.
Tras dos años de fuerte reactivación turística y de inversión acelerada, el pulso se estabiliza y el foco se afina: crecer sí, pero con intención. Según The New Habitat 26/27 (APE Grupo, Futurea), 8 de cada 10 profesionales consideran estratégico el diseño de interiores al proyectar un hotel y la inversión prevista en espacios hospitality aumentará un 21,5 % en 2025 (frente al 26,7 % en 2024). El mensaje es claro: menos expansión desmedida y más optimización; más atención a la funcionalidad, la flexibilidad y el carácter inclusivo de cada propuesta. El diseño se convierte en una herramienta para responder a las demandas de un sector con un crecimiento imparable que necesita repensar su estrategia para poder ofrecer una mejor experiencia no solo a aquellos que los visitan, sino también a aquellos con los que conviven. La estancia deja de ser un paréntesis para convertirse en narración viva.
Hospitalidad radicalmente inclusiva: cuando el diseño acoge a todos
La gran transformación comienza por repensar a quién acoge el sistema. Durante décadas, los viajeros con diversidad física y cognitiva quedaron al margen de los estándares. Hoy ese vacío es una oportunidad para darle una vuelta a todo: desde la configuración de las habitaciones hasta la formación del personal y las tecnologías de asistencia. “La flexibilidad en el diseño hotelero va más allá del mobiliario móvil: se trata de crear espacios que se adapten con naturalidad a necesidades cambiantes, contextos culturales y usuarios multigeneracionales”, explica Amani Al Ibrahim (Kristina Zanic Design Consultants).
El contexto empuja en esa dirección. En torno a un 15 % de la población mundial se sitúa dentro del espectro de la neurodiversidad (National Library of Medicine) y el mercado de la discapacidad suma 13 billones de dólares de ingresos anuales disponibles (The Return on Disability Report, 2023) y 58.200 millones de gasto en viajes (MMGY Global). Las implicaciones por tanto son de diseño y de negocio.
Responder bien significará proyectar habitaciones con distribuciones flexibles, mobiliario ajustable, menús adaptados y ambientes sensorialmente calmados que reduzcan la sobrecarga. Significará, también, desestigmatizar la accesibilidad: integrar ayudas a la movilidad como objetos bellos y multifuncionales, diseñar áreas de juego con principios Montessori que eviten la sobreestimulación y prever rincones de trabajo y privacidad modulable. La ecuación es sencilla: diseñar para la diversidad es diseñar mejor para todos.
De albergue a comunidad: así se reinventa el hostel
Lo que un día fue la alternativa barata al hotel, ahora se reinventa como nodo social y de creación de comunidad. Los hostels resurgen como espacios cuidados que integran interiorismo, identidad visual y arquitectura para construir propuestas tan cuidadas como accesibles.
El movimiento tiene lógica económica y climática. En un contexto en el que Europa y EE. UU. contienen gasto (Skyscanner 2025), el hostel propone una experiencia “lujo asequible” y recorta lo accesorio. Además, es más eficiente: en Europa puede emitir hasta un 75 % menos de CO₂ que un hotel (Bureau Veritas). Las cifras acompañan: el mercado global alcanzó 5.320 millones de dólares en 2024 y proyecta un CAGR del 10,8 % hasta 2034 (Expert Market Research).
Pero su valor diferencial sigue siendo la comunidad. En un momento donde aumenta el número de viajeros que viajan solos, el hotel funciona como punto de encuentro con otros viajeros. La idea es viajar solo sin sentirse solo.
Aquí el interiorismo funciona como infraestructura de vínculo: plantas que se transforman del coworking diurno al bar nocturno, espacios con programaciones curadas y materiales robustos de bajo impacto. “Intentar gustar a todos es un error. La clave es definir a quién hablas y diseñar para esa experiencia”, recuerda Raúl Téllez. El hostel, cuando está bien planteado, es también una respuesta urbana: descomprime la presión del alojamiento turístico en vivienda, activa programas culturales de barrio y reduce huella por huésped.
Viajar para estar donde ocurre todo
La última de las de las grandes transformaciones que relata el informe en el sector hospitality tiene que ver con el motivo del viaje. Ya no se viaja solo por el destino en sí, sino por lo que pasa en ese destino. Festivales, giras, grandes eventos deportivos, exposiciones virales o estrenos convierten el calendario cultural en auténtico mapa de desplazamientos. Redes y streaming amplifican el deseo de estar donde sucede. La música y el deporte actúan como verdaderos motores turísticos: el turismo deportivo crecerá un 12 % anual hasta 2027 (WTTC).
Para el interiorismo, esto significa diseñar hoteles que extiendan la experiencia: suites y lounges con referencias culturales sutiles, microescenarios para showcases, listening rooms, salas de visionado o watch parties, merch comisariado y objetos coleccionables que refuercen el vínculo (llaves especiales, amenities de edición limitada, arte con memoria deportiva).
La clave es evitar el efecto “parque temático” con una identidad local sólida. El resultado no es solo estético: estudios como BMC Public Health relacionan la exposición cultural con bienestar; y el 74 % de los viajeros afirma que las experiencias basadas en pasiones compartidas profundizan la conexión (Design Hotels, 2024). Diseñar estos ecosistemas es construir comunidad y fidelidad.
El hospitality del futuro dibuja un sector más inteligente, inclusivo y emocional. La inversión crece, pero sobre todo madura: se diseñan habitaciones que se adaptan a las vidas, lobbies que activan comunidad y programas que prolongan el viaje. En definitiva, espacios que pasan del servicio a la significación. Porque hoy viajar no es únicamente llegar: es habitar una historia y querer volver a escribirla.










