La Semana Santa se conmemora con expresiones solemnes, de devoción y muchas veces ‘majestuosas’, como ocurre en la ciudad de San Luis Potosí, en su centro histórico, escenario de la Procesión del Silencio, un evento emotivo y muy impactante.
Por su profundo simbolismo y ceremoniosa estética, son miles y miles de turistas los que viajan a la capital potosina cada año, destino que, además de la espiritualidad, tiene historia, arquitectura y gastronomía.
Te proponemos una guía de lugares y actividades en esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad, más allá de los eventos religiosos de la Semana Mayor.
Sigue la Procesión del Silencio
Cada noche de Viernes Santo, las calles del centro histórico de la capital potosina son escenario de la Procesión del Silencio, la más grande en América Latina y, según se dice, la segunda más importante en el mundo, después de la de Sevilla, España.
A las 20:00 horas, el Teatro de la Paz (un edificio de tiempos del porfiriato) es el punto de partida de la Guardia Pretoriana (un grupo que personifica el cuerpo militar que en la antigüedad protegía a los emperadores romanos).
Su destino es el Templo de Nuestra Señora del Carmen, bello edificio de estilo churrigueresco del siglo XVIII.
La llegada de esta guardia simboliza el anuncio de la muerte de Jesús y el inicio de la procesión. Entonces, las puertas del templo se abren para que más de 30 cofradías caminen durante cuatro horas por las calles Manuel José Othón, Venustiano Carranza, Independencia, Galeana, Francisco I. Madero y Avenida Universidad para terminar en la Plaza del Carmen, frente a la misma iglesia.
Los cofrades, también llamados nazarenos, visten guantes, capirotes (sombreros cónicos altos) y túnicas de diversos colores que, además de identificarlos con la iglesia a la que pertenecen, tienen varios significados: el rojo es la sangre de Cristo; el blanco, la pureza y resurrección; el morado representa el luto, la penitencia y el dolor; y el negro, la muerte y el pecado.
Muchos de ellos portan estandartes, antorchas de metal y andan descalzos, con pesadas cadenas en los tobillos. Cada cofradía va liderada por una imagen que representa una estación del Viacrucis o uno de los misterios dolorosos del Rosario. Los participantes caminan lentamente y en completo silencio —razón del nombre de la procesión— en señal de luto por la crucifixión de Jesús; aunque cada tanto, su andar se ‘sincroniza’ con el sonar de los tambores, las saetas (cánticos breves y pesarosos) y las trompetas.
También caminan monaguillos y mujeres con el pelo cubierto con rebozos: muchos de ellos elaborados artesanalmente en el pueblo mágico de Santa María del Río.
En cada extremo de las calles, donde pasa la Procesión del Silencio, se instalan gradas para los espectadores.
La entrada tiene costo y depende del sitio que se elija. Hay lugares desde $77 pesos por persona.
Este año se celebrará el viernes 3 de abril.
Si te interesa saber más, consulta el Facebook ‘Tradiciones Potosinas A.C.’
Después, a pasear por San Luis Potosí
El centro histórico de San Luis Potosí fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2010 y es el tercero en el país con mayor cantidad de monumentos históricos, después de Ciudad de México y la capital poblana.
Caminar por sus calles adoquinadas y plazas coloniales significa descubrir auténticas joyas de cantera rosa de estilos barroco, neoclásico, plateresco, gótico, churrigueresco y hasta románico: todos estos son muestra de la bonanza minera de la región y la amalgama de épocas e influencias.
Entre otros sitios, conoce el atractivo Edificio Ipiña, inspirado en las construcciones de la Rue de Rivoli en París, y la estatua de San Luis Rey de Francia (patrono de San Luis); la Plaza Aranzazú; el Templo y Exconvento de San Francisco de Asís; la Plaza del Carmen y su iglesia homónima; la Plaza de Armas, ‘rodeada’ del Palacio de Gobierno; el Palacio Municipal; y la catedral metropolitana de cantera rosa tallada.
Naturaleza en pleno San Luis Potosí
Lo que el Bosque de Chapultepec es para la CDMX, el Parque Tangamanga lo es para San Luis Potosí. Este gigantesco parque urbano es el segundo más grande de México. Se divide en dos partes: Tangamanga I y Tangamanga II. En conjunto, representan el espacio natural y recreativo más importante de la ciudad.
Ambos cuentan con grandes áreas boscosas, senderos, jardines con fuentes y una gran variedad de canchas deportivas, aunque la gran mayoría de sus atracciones está en Tangamanga I, en los terrenos de la antigua Hacienda de la Tenería, de la cual se conserva su casco histórico.










