Hay un virus que se expande en el país más poblado del mundo en el peor momento posible: a las puertas del Año Nuevo chino, cuando cientos de millones de personas vuelven a sus hogares para celebrar en familia la festividad.
También hay otros muchos que ya han comprado el billete para visitar a sus familiares en el extranjero o que van a aprovechar las vacaciones para pegarse un gran viaje internacional por varios países.
Esto está pasando al arranque de 2023, pero el párrafo ser publicado a principios de 2020, ya que hay varias similitudes entre aquellos primeros días de la pandemia, cuando el coronavirus explotó en la ciudad de Wuhan, con la situación que se ve ahora en muchos rincones de China; hospitales colapsados, falta de medicamentos y ausencia de cifras creíbles de contagios y muertos por la alergia a la transparencia que tiene el régimen de Pekín.
Incluso la respuesta de algunos países a la ola de Covid en China recuerda a lo que pasó hace tres años: más controles en aeropuertos, exigencia de pruebas negativas a los viajeros que llegan desde el gigante asiático y cuarentenas para los positivos.
Recuperar algunas de estas medidas es lo que ya han decidido en EU, Japón, Malasia, Taiwan, India e Italia. En este último país, en un vuelo que aterrizó en el aeropuerto de Milán el 26 de diciembre, el 52% de los pasajeros dieron positivo.
China, a la inversa de lo que hizo a principios de 2020, ha anunciado que sus fronteras, después de más de mil días selladas, se reabrirán a partir del 8 de enero, pero ahora está probando de su propia medicina. El país que ha pasado tres años restringiendo vuelos internacionales, prohibiendo la entrada a turistas y obligando a hacer largas cuarentenas a sus nacionales y extranjeros con permiso de residencia, se encuentra con que son otras naciones las que ahora levantan barreras a los vuelos que salen de China por miedo a que aparezcan nuevas variantes del virus.
La Comisión Europea convocó una reunión del comité de salud y seguridad de la UE para discutir posibles medidas tomadas de manera coordinada por todos los países del grupo. «La coordinación de las respuestas nacionales a las graves amenazas transfronterizas para la salud es crucial», dijo el comité tras la reunión. En cambio, a pesar de las presiones de Italia, otros países señalaron que por ahora no veían la necesidad de imponer nuevas restricciones de viaje.
«Desde un punto de vista científico, no hay razón en esta etapa para restablecer los controles en las fronteras», afirmó Brigitte Autran, directora del comité francés de evaluación de riesgos para la salud, apuntando además a que la situación está bajo control y que no hay señales de nuevas variantes en China.
Alemania y Portugal también apoyaron la línea de continuar sin exigir pruebas negativas a los pasajeros procedentes de China. Mientras que Austria incluso destacó los grandes beneficios económicos que traería la vuelta de los turistas chinos a Europa.
La respuesta internacional a la primera gran ola de contagios sin control en China no ha hecho ninguna gracia en Pekín. El miércoles, Wang Wenbin, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, acusó a los países occidentales y a los medios de «exagerar» y «distorsionar los ajustes de la política de Covid de China».
Además, señaló que las respuestas de todos los países deberían estar «basadas en la ciencia». Parece que a Wang se le han olvidado todas las veces que salió a la rueda de prensa de Pekín para avivar teorías nada científicas sobre que el virus lo soltaron por Wuhan militares estadounidenses o que llegó a China a través de productos congelados y paquetes importados de otros países.
El portavoz ha pedido que las medidas que están tomando los países sean «proporcionadas» y que «no afecten al intercambio normal entre personas».
Retrocediendo apenas unos meses atrás, era el Gobierno chino el que había dictado la orden de no aprobar solicitudes de emisión de nuevos pasaportes por «razones no esenciales» como parte de la campaña de la política nacional de Covid cero. Incluso a muchos nacionales con el pasaporte en vigor se les echaba para atrás cuando estaban a punto de embarcar si trataban de salir con una visa de turismo.
El Covid cero terminó de golpe y ahora Pekín demanda que el resto del mundo abra los brazos a los viajeros chinos, quienes antes de la pandemia, en 2019, realizaron 155 millones de viajes dejando un gasto de 250 mil mdd. O lo que es lo mismo: el 20% de todo el gasto en turismo internacional, según la OMT.
Los medios chinos han explicado que se han disparado las búsquedas de destinos en el extranjero en las principales páginas de viajes, desde que se anunció el levantamiento de las estrictas restricciones de control fronterizo.
Aunque los precios de los vuelos siguen por las nubes, un 60% más de media cada billete en comparación con los niveles previos a la pandemia, el levantamiento de las restricciones en el país asiático, con su consecuente ola de infecciones sin precedentes, ha provocado también mucha incertidumbre en todo el mundo por miedo a que las interrupciones que se están viendo en algunas industrias importantes de China, que están operando a medio gas porque gran parte de los trabajadores están pasando en casa el Covid, sacuda de nuevo a la mermada cadena global de suministros.
A punto de cumplirse exactamente tres años desde que el Covid fuera notificado por primera vez en Wuhan, el mundo vuelve a mirar con temor a China.
Con información de El Mundo (España)










