Por Carmen Porras
El auge de la venta directa, los nuevos competidores o el cambio en su sistema de retribución son algunos de los grandes desafíos que han afrontado las agencias de viajes en las tres últimas décadas
El sector de la distribución ha mostrado una gran capacidad de resistencia en los últimos años. En un contexto de gran empuje de la venta directa, las agencias de viajes tradicionales y los turoperadores han abrazado la transformación digital para adaptarse a las nuevas exigencias del mercado y han dado un giro a su modelo de negocio para sobrevivir en un entorno cada día más competitivo. Además, la liberalización de servicios establecida por la directiva europea Bolkenstein ha facilitado la entrada de nuevos competidores.
Con frecuencia se ha puesto en entredicho la supervivencia de las agencias de viaje ante los nuevos movimientos registrados en el ámbito de la distribución, en especial la irrupción de internet y la gran transformación que ha impulsado en el proceso de reserva de los viajes, con un gran impulso a la venta directa. Sin embargo, han sabido combatir las nuevas amenazas con su adaptación a las nuevas tecnologías, la especialización y la mejora en el servicio. Incluso han salido fortalecidas del mayor desafío que haya afrontado nunca el sector turístico: la pandemia de la Covid-19, que golpeó profundamente su cuenta de resultados.
El gran cambio
Uno de los momentos más complicados para las minoristas tradicionales fue la aparición de un nuevo competidor a partir de 1996: las agencias de viajes online (OTA). Ya no era necesario acudir a una oficina para realizar una reserva, ésta se podía hacer las 24 horas del día desde un sencillo ordenador. Además, por esas fechas, comenzaron a operar en España las primeras aerolíneas de bajo coste que invitaban a los consumidores a “cortar con su agencia de viajes” y reservar directamente en su página web.
El éxito de este modelo contagió a las aerolíneas tradicionales que comenzaron a apostar también por la venta directa y, a continuación, por la eliminación de las comisiones que abonaban a las agencias por la venta de sus billetes. Iberia marcó un camino que luego seguirían sus competidores: la reducción de la retribución hasta culminar, en 2006, con la implantación de la denominada ‘comisión cero’.
En la misma línea, la venta sin intermediarios llegó también a los hoteles. A principios de este siglo, empezaron a crear sus propias páginas web y a posibilitar así la reserva directa de sus habitaciones.
Las minoristas han sabido reaccionar y, aunque les queda un gran camino por recorrer en el ámbito de la digitalización, han visto que internet y las nuevas tecnologías son también una oportunidad para su negocio. En muchos casos han apostado por la especialización, como forma de enfocar su negocio, desde el ámbito de los viajes de negocios a los de aventura o deportivos, entre otras modalidades
Se han aventurado incluso con un nuevo tipo de oficina, muy alejado del modelo tradicional. Son las llamadas flagships, situadas en amplios espacios, en buenas ubicaciones dentro de la ciudad.
Expansión de las redes
Al igual que en otras actividades, el sector minorista asiste a un progresivo fenómeno de concentración empresarial, que convive, a su vez, con un gran número de pymes, muchas de ellas integradas en grupos de gestión.










