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Inspirados en el mar y el maíz

Por Cony DeLantal

Gabriela Cámara, la chef y fundadora de restaurante Contramar, abrió hace seis años una marisquería muy casual en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El lugar, llamado Itacate de Mar, pronto se convirtió en un punto de encuentro para quienes querían disfrutar antojitos a base de maíz con mariscos frescos.

Este año, la conocida restaurantera escribe un nuevo capítulo en la historia de este espacio gastronómico al mudarlo de República de Guatemala a Bosques de las Lomas.

Ahora, un comedor ligeramente sofisticado y cálido da la bienvenida a los comensales dentro de Arcos Bosques (Paseo de los Tamarindos 90).

Luego de atravesar un pequeño pasillo enmarcado por vegetación se observa un espacio de altos techos con una hermosa barra en el fondo, y un par de cuadros que acaparan la mirada por el contraste de colores en el resto del lugar.

En compañía de una de mis queridas sobrinas descubrí esta renovada propuesta gastronómica, cuyo menú también cambió ligeramente.

Aunque conserva platillos como los esquites con camarón ($225) y el famoso pescado a la talla ($695), que también se sirve en sus otros restaurantes, la carta incorpora sorpresas como la tetela con encacahuatado y camarones ($180) y el pastel azteca de mar ($245).

En un ambiente de lo más familiar, mi querida sobrina y yo disfrutamos primero un par de tostadas. Yo elegí la clásica de atún ($185), preparada con mayonesa de chile güero, aguacate y tallo de cilantro.

Ella prefirió la suculenta tostada vuelve a la vida ($265), preparada con pulpo, pescado, camarón, salsa coctelera, verduras frescas y guacamole. Las dos estaban riquísimas.

Para acompañar los siguientes platos pedimos un par de copas de un vino blanco ($290 c/u) español. Elegimos un albariño de la bodega Adegas Castrobrey, y resultó un acierto porque regalaba un final afrutado, largo y persistente.

Maridó muy bien con los camarones zarandeados ($850) con adobo rojo de estilo nayarita que pronto aterrizaron en nuestra mesa. Las cinco piezas nos cautivaron con ese color rojizo oscuro y brillante, y las notas de ajo y especias.

Con tortillas delgadas, pequeñitas, disfrutamos este plato servido con cebollas cambray asadas. No pudimos dejar de pedir los tradicionales esquites con camarón ($225), redondeados con mayonesa de habanero, queso de Ocosingo y cilantro criollo. Los crustáceos, ligeramente picantes, le dan un gran toque de sabor a este antojito.

Y como mi querida pidió una segunda copa de vino, decidimos disfrutarla con el pastel de chocolate sin harina ($195).

Fue un buen cierre, presentado con crema de vainilla y compota de temporada. El sabor intenso del chocolate y su excelente textura sedosa nos dejaron felices.

En esta visita todo fluyó bien. El único detalle fue la música, que era imperceptible.

Fuera de ello, da gusto ver que la oferta en Bosques de las Lomas se nutre con propuestas como ésta, que se diferencia de otros restaurantes del grupo por ser más casual, pero igual de rica.

Y aunque en la carta reinan los antojitos, el encantador espacio es ideal para probar otros clásicos platillos, como el famoso pescado Contramar.Por Cony DeLantal

Gabriela Cámara, la chef y fundadora de restaurante Contramar, abrió hace seis años una marisquería muy casual en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El lugar, llamado Itacate de Mar, pronto se convirtió en un punto de encuentro para quienes querían disfrutar antojitos a base de maíz con mariscos frescos.

Este año, la conocida restaurantera escribe un nuevo capítulo en la historia de este espacio gastronómico al mudarlo de República de Guatemala a Bosques de las Lomas.

Ahora, un comedor ligeramente sofisticado y cálido da la bienvenida a los comensales dentro de Arcos Bosques (Paseo de los Tamarindos 90).

Luego de atravesar un pequeño pasillo enmarcado por vegetación se observa un espacio de altos techos con una hermosa barra en el fondo, y un par de cuadros que acaparan la mirada por el contraste de colores en el resto del lugar.

En compañía de una de mis queridas sobrinas descubrí esta renovada propuesta gastronómica, cuyo menú también cambió ligeramente.

Aunque conserva platillos como los esquites con camarón ($225) y el famoso pescado a la talla ($695), que también se sirve en sus otros restaurantes, la carta incorpora sorpresas como la tetela con encacahuatado y camarones ($180) y el pastel azteca de mar ($245).

En un ambiente de lo más familiar, mi querida sobrina y yo disfrutamos primero un par de tostadas. Yo elegí la clásica de atún ($185), preparada con mayonesa de chile güero, aguacate y tallo de cilantro.

Ella prefirió la suculenta tostada vuelve a la vida ($265), preparada con pulpo, pescado, camarón, salsa coctelera, verduras frescas y guacamole. Las dos estaban riquísimas.

Para acompañar los siguientes platos pedimos un par de copas de un vino blanco ($290 c/u) español. Elegimos un albariño de la bodega Adegas Castrobrey, y resultó un acierto porque regalaba un final afrutado, largo y persistente.

Maridó muy bien con los camarones zarandeados ($850) con adobo rojo de estilo nayarita que pronto aterrizaron en nuestra mesa. Las cinco piezas nos cautivaron con ese color rojizo oscuro y brillante, y las notas de ajo y especias.

Con tortillas delgadas, pequeñitas, disfrutamos este plato servido con cebollas cambray asadas. No pudimos dejar de pedir los tradicionales esquites con camarón ($225), redondeados con mayonesa de habanero, queso de Ocosingo y cilantro criollo. Los crustáceos, ligeramente picantes, le dan un gran toque de sabor a este antojito.

Y como mi querida pidió una segunda copa de vino, decidimos disfrutarla con el pastel de chocolate sin harina ($195).

Fue un buen cierre, presentado con crema de vainilla y compota de temporada. El sabor intenso del chocolate y su excelente textura sedosa nos dejaron felices.

En esta visita todo fluyó bien. El único detalle fue la música, que era imperceptible.

Fuera de ello, da gusto ver que la oferta en Bosques de las Lomas se nutre con propuestas como ésta, que se diferencia de otros restaurantes del grupo por ser más casual, pero igual de rica.

Y aunque en la carta reinan los antojitos, el encantador espacio es ideal para probar otros clásicos platillos, como el famoso pescado Contramar.

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