Las alarmas de los organismos defensores de la infancia permanecen encendidas en el inicio del Mundial de Fútbol 2026.
La llegada de millones de turistas nacionales e internacionales a las ciudades sedes de México -Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México- desata el riesgo de un incremento de hasta el 30 por ciento en casos de trata y explotación infantil, tanto en su modalidad laboral como sexual, según proyecciones basadas en datos oficiales y análisis de organizaciones civiles.
Tania Ramírez Hernández, directora ejecutiva de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), advierte sobre la vulnerabilidad extrema que enfrentan los menores frente a las redes delictivas internacionales.
“Sabiendo que en otros mundiales, en otros años, se observa la depredación que implica el turismo, sabemos que eso existe, sabemos que eso es real”, afirma en entrevista.
La magnitud del evento deportivo internacional incrementa la urgencia de reaccionar.
Frente a la llegada de los visitantes a las tres entidades sedes de la Copa del Mundo, la titular de Redim confirma que las autoridades locales buscan blindar los puntos clave.
“Como se sabe que tristemente es muy probable que eso (la trata) suceda en nuestro país, se están generando el afinamiento de los protocolos para que esto no suceda”.
PELIGRO SIN LIMITE
El peligro no se limita únicamente al comercio sexual de menores. De acuerdo con Ramírez, el fenómeno abarca múltiples expresiones de violencia económica y física que se camuflan entre el dinamismo comercial del torneo.
“Hay un riesgo de incrementos en la trata con fines de mendicidad forzada”, detallo.
Frente a esta amenaza, Jalisco, Nuevo León y la CDMX activaron la estrategia preventiva Tarjeta Azul, que funciona como un protocolo de actuación inmediata que capacita al personal de hoteles, transportistas y comercios turísticos mediante códigos QR y líneas de asistencia.
PASA INADVERTIDO
Investigadores del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara señalan que muchos casos pasan inadvertidas para la sociedad, al normalizar la presencia de menores que venden mercancías o piden dinero en las calles.
Señalan que una de cada tres víctimas de este delito a nivel global es menor, con una cifra negra de casos debido al miedo y la corrupción.
A su vez, reportes de la organización World Vision apuntan que la pobreza, la desigualdad económica y la captación mediante redes sociales facilitan que se dé este delito.
El organismo internacional detalla que más de la mitad de las víctimas identificadas históricamente sufren explotación sexual; el resto padece trabajo forzado y mendicidad.










