Hay indicios de que el destino está dejando de ser atractivo para los turistas. El gobierno debe atender esto antes de que sea una tendencia
Por Carlos Mota
Hace años no vacaciono en Cancún. Mis visitas recientes han sido de trabajo. Desde hace tiempo percibí una ecuación que empezó a generarme incomodidad, particularmente por los abusos del transporte del aeropuerto y lo rígido de la oferta turística.
A eso se le sumó el sargazo. El resultado es que yo, como otras personas, he preferido otros destinos. No está bien que Cancún pierda brillo en la escena turística. De hecho, implica un riesgo económico.
En el Índice del Sentimiento de Viajes que publica el Centro de Investigación Avanzado de Turismo Sustentable de la Universidad Anáhuac de Cancún se reportó hace poco que “la oferta aérea que conecta Estados Unidos con el Caribe Mexicano registra una contracción global neta”, con 22.5 por ciento asientos menos disponibles y 21.4 por ciento menos vuelos este año.
En ese reporte se refiere cómo los turistas estadounidenses de ciertas zonas están preocupados, buscando “recomendaciones de hoteles que incluyan beneficios familiares o transportación gratuita para rebatir gastos extra”.
También se habla de que “los usuarios de ingresos medios-altos discuten abiertamente cambiar sus vacaciones tradicionales de playa por vuelos transatlánticos a Europa o por turismo carretero doméstico hacia la Costa Este de EUA”.
No es un buen panorama. Hace tres semanas el portal Travelbinger publicó el artículo “Why I Finally Gave Up on Cancún—and Why You Might Want to Rethink It Too”, en el que se sentencia: “con el paso de los años seguí volviendo, más que nada por costumbre, diciéndome que las playas aún valían la pena a pesar de los inconvenientes.
Este año, al sentarme a planear otro viaje, me di cuenta de que, silenciosamente, la balanza había dejado de inclinarse a favor de Cancún”.
¿Quién gana lo que pierde Cancún? Otros destinos. Esta semana la República Dominicana reveló, por ejemplo, que “en julio de 2026, 921 mil 718 turistas llegaron al país por vía aérea, un crecimiento de 6.7% frente al mismo mes del año anterior, marcando un nuevo récord”, y aseguró que “las cifras acompañan la evolución de una industria que continúa creciendo y diversificándose. Nuevas inversiones, aperturas hoteleras…”
El gobierno federal y particularmente la secretaria Josefina Rodríguez tienen un reto: evitar a toda costa que el raspón a Cancún en 2026 no se convierta en una tendencia. Nadie quiere que se repita jamás la debacle que vivió Acapulco cuando terminó el siglo XX.








