El estado de Nayarit tiene una enorme oferta turística para todo público; ya sea para vacacionar con la familia, celebrar un evento especial o simplemente para olvidarse del estrés con una escapada increíble en fin de semana. Hay un destino que se acopla perfecto a estas opciones, en especial a la última, ya que en solo dos días se puede disfrutar de sus hermosos atractivos y experiencias únicas.
Se trata de San Blas, un puerto histórico y Pueblo Mágico ubicado en la costa del océano Pacífico a solo una hora de la capital del estado, Tepic. Una de las mejores formas para conocer este paraíso costero es a través de un recorrido que incluya las diferentes facetas de este puerto nayarita.
Primer día
La mejor manera de empezar esta aventura de fin de semana es disfrutando un hermoso amanecer frente al Pacífico en Playa Limoncito. Con la primera luz del día, la playa adquiere una atmósfera tranquila que invita a detenerse y disfrutar del paisaje.
La siguiente parada es La Tovara, un santuario ecológico, donde el recorrido en lancha por sus canales permite adentrarse en un ecosistema de manglares lleno de vida. Durante el trayecto es posible observar diferentes especies de aves, reptiles y otros animales que encuentran en este humedal un refugio natural.
Y si hablamos de flora y fauna silvestre, este trayecto por el pueblo costero no estaría completo sin una visita al cocodrilario, un espacio dedicado al conocimiento y conservación de estos reptiles prehistóricos.
Luego de unas horas llenas de naturaleza, llega el momento de alimentar el cuerpo con uno de los sabores más conocidos de esta región: los “balazos” de mariscos en el popular corredor de Aticama. Esta bebida tradicional que es preparada con ostión o camarón frescos, jugo de la concha, limón y una mezcla secreta que explota en el paladar; es parte de la identidad gastronómica de la costa nayarita y representa la estrecha relación que existe entre las comunidades y los productos del Pacífico. Es esencial probarlos porque forman parte de la identidad culinaria de San Blas.

Cuando el primer día está por terminar, es hora de conocer Tova, un destino único en la playa de Matanchén, donde la naturaleza y el lujo se encuentran. En este sitio rodeado de hermosa vegetación y el sonido del océano, en donde comparten espacio Ardea y Koko Beach Club, dos restaurantes con una interesante oferta gastronómica donde predomina el sabor del mar. Desde ambos lugares se puede contemplar la tranquilidad y belleza del mar, mientras se consumen deliciosos platillos acompañados de bebidas refrescantes.
Al caer la noche solo queda descansar en Aldea Camalote, un conjunto de villas ecológicas, construidas principalmente con bambú, que fusiona la sostenibilidad con la elegancia, ofreciendo a los huéspedes una experiencia única y conectada con la naturaleza.
Segundo día
Después de un descanso reparador, hay que continuar con este viaje. Después de un buen desayuno es momento de una buena dosis de adrenalina con un vuelo en parapente sobre la bahía. Desde las alturas, San Blas adquiere una nueva dimensión. Las playas, el océano, la vegetación y las montañas se convierten en un paisaje de pintura. La sensación de volar sobre este escenario natural convierte la actividad en una de las experiencias más emocionantes del recorrido.
Cuando el cuerpo regresa de las alturas toca ponerse al nivel del mar para una caminata en el Muelle de San Blas. Este espacio es perfecto para observar la vida cotidiana del puerto, desde el movimiento de las embarcaciones hasta el ir o venir de las personas que trabajan frente al mar.








