Por Gabriel Escarrer
Como cada año, quiero sumarme con este artículo a la celebración del Dia Internacional del turismo, uno de esos “Días Internacionales” en los que vale la pena detenerse un momento a reflexionar sobre esta práctica social, cada vez más y más prioritaria para individuos y familias de todo el mundo, y sobre la enorme industria existente detrás del mundo de los viajes.
La efeméride se celebra este domingo 27 de septiembre, coincidiendo con el final de la que conocemos como “temporada alta” en el continente europeo y América del Norte, es decir, de las vacaciones anuales de nuestros principales mercados emisores de turistas, y en este septiembre de 2026 no podemos obviar el que se ha convertido en el debate por excelencia del verano: el impacto del turismo sobre los destinos, y la conveniencia o no de limitarlo o “contenerlo”. El Dia Mundial del Turismo es mucho más que una cita curiosa en el calendario: en este día celebramos una de las grandes fuentes de prosperidad de nuestras sociedades, que merece ciertamente un reconocimiento universal.
El turismo genera empleo, impulsa la inversión, dinamiza el comercio y contribuye al bienestar colectivo; en nuestra casa, el turismo está detrás de una parte muy significativa del destacado incremento del PIB español desde los años de la pandemia y ha resistido con notable fortaleza las tensiones y conflictos geopolíticos que no cesan. Sin embargo, su resiliencia y su creciente prosperidad vienen acompañados de crecientes campañas anti-turismo, con ataques muchas veces inmerecidos, como explicaré.
Es innegable que, como cualquier actividad que tiene éxito, la turística puede acabar enfrentándose a los riesgos de su propio crecimiento cuando este se produce de forma desordenada o supera la capacidad de gestión de un territorio, pero también es cierto que en muchas ocasiones se convierte al turismo en el “chivo expiatorio” de los más diversos déficits que los destinos acumulan y que afectan a la convivencia. Hablo de problemas tales como la falta de adecuación al incremento de la población residente que genera presión sobre las infraestructuras y servicios públicos, o de la saturación y/o desnaturalización de los destinos, de congestiones de tráfico o de dificultades de acceso a la vivienda, entre otros.
El turismo ¿culpable de todo?
Y es que una patología social de esta magnitud no puede atajarse a golpe de medidas fáciles o populistas contra la que es principal industria de muchas comunidades, sino que, como en medicina, requiere de un diagnóstico riguroso y un análisis profundo de las causas del problema; limitar el numero de visitantes “por decreto”, imponer mayores tasas “turísticas” a algunos subsectores o restringir la actividad turística de forma generalizada puede resultar políticamente atractivo, pero siguiendo con la terminología clínica, equivale a practicar una “sangría” a un enfermo: no se ataca el origen del mal y se corre el riesgo de debilitar una de las principales fuentes de prosperidad de muchos territorios.
Como ejemplo paradigmático de esta “desconexión” entre las raíces del problema y las recetas políticas más frecuentes para solucionarlo, me gustaría recordar la evolución seguida por el sector turístico de un destino “estrella” en el Mediterráneo como son las Islas Baleares. la población residente se ha incrementado en unas 280.000 personas en los últimos 20 años, (casi un 30%), mientras que la llegada de turistas se habría incrementado en 7,5 millones en el mismo periodo, es decir, más de un 60%. Si en estos años la capacidad hotelera apenas creció en un 4,3%, ¿Cómo han podido las Islas Baleares alojar el crecimiento exponencial de turistas registrado? La respuesta está en la irrupción del alquiler vacacional, que representa más de 140.000 plazas reguladas de este tipo, a las que deben sumarse los miles de plazas no reguladas, alegales o directamente ilegales que pueden encontrarse sin demasiado esfuerzo en internet, con un impacto definitivo en el efecto “saturación” y en la dificultad extrema de acceso a la vivienda para residentes. Una situación que puede extrapolarse a cualquier otra ciudad y/o destino turístico de nuestro país.
No tenemos nada contra el alquiler vacacional, legal, ordenado y regulado como los demás modelos de oferta alojativa. No me cansaré de decir que es un negocio complementario que puede convivir con el hotelero, pero sometiéndose a los mismos criterios de planificación, regulación, contribución fiscal, sostenibilidad etc, que los hoteles, y por supuesto, eliminando las bolsas de oferta alegal e ilegal que muchas plataformas siguen hoy, increíblemente, comercializando. ¿Se imaginan a alguna cadena hotelera española anunciando en sus canales comerciales habitaciones u hoteles sin licencia, o que no paguen sus impuestos y tasas? La situación es tan evidente que las principales movilizaciones contra el sobre-turismo en 2026 se dirigían ya, fundamentalmente, contra los pisos turísticos.
“Gobernar” el éxito
Todo ello nos confirma que el reto no es despreciar al único sector en el que España es líder mundial en competitividad, sino gobernar ese éxito. Y eso exige planificación, inversión, gestión inteligente de los flujos, mejora de las infraestructuras y políticas públicas capaces de maximizar los beneficios del turismo mientras se minimizan sus impactos. Porque como cualquier otra actividad social, el fenómeno turístico hay que gestionarlo, ordenarlo, y controlar que ese orden que nos hemos dado como sociedad en nuestras leyes, ordenanzas y políticas, se cumple, si no queremos ser, como ha escrito recientemente el Wall Street Journal, “víctimas de nuestro propio éxito”. Y es que los ecos de las manifestaciones anti-turismo han llegado hasta el prestigioso diario con sede en la Sexta Avenida neoyorquina, que aunque calificaba a Mallorca como “un paraíso turístico con aguas turquesas e infinitas playas de arena blanca”, añadía que “Mallorca se ha convertido en el epicentro europeo del rechazo al sobreturismo”.
Desde el respeto a todas las opiniones, nuestro derecho es reclamar diagnósticos rigurosos y estrategias coherentes a nuestras Administraciones Públicas, (empezando por erradicar toda la oferta ilegal, tanto alojativa como complementaria, en los destinos) y nuestro deber como sector turístico es formar parte de la solución. ¿Cómo proponemos hacerlo? La respuesta es la de impulsar una transformación que priorice la V de “valor” antes que la V de “volumen”, la calidad frente a la cantidad, dejando de medir nuestro éxito turístico en base al número de visitantes. Nuestro sector turístico, con el liderazgo y respaldo de organizaciones tan potentes como Exceltur (que agrupa a más de las 30 mayores empresas de los diversos subsectores relacionados con el turismo), lleva años apostando por esa transformación y reposicionamiento del modelo turístico, invirtiendo en nuestros productos y servicios, y colaborando con los destinos en extender el reposicionamiento a toda la oferta.
Porque un factor esencial es sin duda la “colaboración”, tanto privada-privada (entre empresas), público-privada, y entre Administraciones Públicas (Nacional, Autonómica, Insular, local e incluso internacional, como sería el caso de la privilegiada colaboración en Mallorca con la Embajada y Consulado británico). Y para estructurar y alinear adecuadamente esos niveles de colaboración y poner el foco en una estrategia común, transversal, compartida y contrastada para mejorar el impacto del turismo y mitigar sus impactos negativos, desde Exceltur hemos lanzado un movimiento denominado Turismo que Suma, al que ya se han adherido nada menos que 6 Comunidades Autónomas, 28 Destinos y/o entidades Públicas de los mismos, así como 18 asociaciones y 33 empresas de primer nivel del país, bajo el lema “Por un turismo con propósito, responsable, inclusivo y regenerativo”. Para que nadie piense, nunca más, en el sector turístico como una parte de la problemática que deteriora los destinos y su convivencia, sino como parte activa de la solución.
Como líderes turísticos en Europa y responsables en buena medida de la prosperidad presente y futura de nuestro país, el sector público y privado, unido a los grandes destinos españoles, compartimos la responsabilidad de liderar este proceso de manera responsable y convertirnos en “referentes” de una gestión responsable, y sostenible en el largo plazo, del éxito turístico.
Feliz Día Mundial del Turismo








