Hacer coincidir voluntades para lograr un objetivo en común se dice fácil, pero representa un reto colosal, especialmente si se habla de una industria pujante y en exponencial crecimiento, como la de la uva y el vino. Desde octubre de 2019, esa responsabilidad descansa sobre los hombros de Paz Austin.
Su trayectoria comenzó desde el emprendimiento, con una tienda de dulces mexicanos; más tarde se involucraría en temas de destilados, pero fue a través de la cerveza artesanal que su amor por las bebidas y afición política confluyeron.
“Siempre me ha gustado la grilla, el teje y maneje político y social del país. Empecé a entender y a hilar muchas cosas de la cervecería con la parte institucional. Durante cuatro años fui la directora de los cerveceros artesanales, empecé a estar en las mesas de Canacintra, Dirección General de Normas, Normex, Consejo Nacional Agropecuario… a sentarme con todas las cámaras y asociaciones”, reconoce.
Así entró de lleno al mundo institucional de las bebidas alcohólicas, que unos años más tarde la llevaría a ser la elegida por la mesa directiva del Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV) para tomar sus riendas.
Austin tuvo que demostrar pronto su capacidad de darle vuelta a un panorama poco alentador: la pandemia no sólo pondría en jaque su planeación, amenazaba también con paralizar a sus agremiados.
“El reto era asegurarnos como actividad esencial, por ser campo. Otras ramas del sector de bebidas alcohólicas tuvieron problemas de cierres. Nosotros teníamos que seguir trabajando, porque la uva y su ciclo tienen que respetarse y protegerse”, explica.
También puso ímpetu en unificar las metas de los estados vinícolas, estrechar la relación y construir una industria más fuerte.
“Tuvimos reuniones semanales con los estados vinícolas y sus principales actores, con otras cámaras y eso posicionó mucho al Consejo con los productores pero también a nivel industrial. Actualmente estamos en Canacintra, Normex, Consejo Nacional Agropecuario y tenemos puestos importantes en todas las cúpulas.
“Tenemos una mesa directiva muy activa y me siento muy arropada, porque todas las decisiones se toman en consenso”, reconoce.
Entre las grandes tareas que atañen ahora mismo al Consejo, Austin busca empujar el desarrollo de la industria desde un cuerpo regulatorio más robusto y poner la mira sobre el IEPS.
“Necesitamos un esquema que nos haga más competitivos en el mercado internacional, porque aquí no tenemos beneficios fiscales como sucede con los vinos en otros países, eso nos resta potencial”, reclama la directiva.
“Estamos, además, trabajando en la revisión de la Norma de Etiquetado e Información Comercial y tenemos pendiente la Norma del Vino, que es un gran reto tener una norma específica, como la de los tequileros”.
Estos últimos meses han sido los esfuerzos también han estado enfocados en la organización del Congreso Mundial de la Viña y el Vino, a realizarse de 31 de octubre al 4 de noviembre, en Baja California. México recibirá en este evento, de carácter científico, delegaciones de 48 países miembros y observadores invitados.

INDUSTRIA Y ACADEMIA
El Consejo Mexicano Vitivinícola tiene socios honorarios y numerarios.
Los numerarios son productores de uva -en todas sus vocaciones- a nivel nacional y asociaciones locales, como la recién conformada por los productores de Nuevo León.
Los honorarios son universidades y centros de investigación que tienen algún proyecto vitivinícola, como las universidades de Parras, Baja California y Aguascalientes, el Colegio de la Frontera Norte o la Escuela del Vino del Altiplano.
“De ahí, tenemos a un grupo de expertos, que están haciendo investigación constante y nos representan ante la institución mundial más importante, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OÍ). México tiene una delegación destacada y muy activa. Si fueran las Olimpiadas, ellos son nuestros atletas de alto rendimiento”, comenta Paz.










