Algunos lugares conquistan por la vista, otros por la atmósfera y unos cuantos por el estómago. La Cocina del Bizco hace las tres cosas a la vez y sin pedir permiso.
Detrás de este rincón de sabor está Jesús Pedraza, un cocinero con energía arrolladora, una risa contagiosa y el don de transformar ingredientes en recuerdos felices. Su restaurante es un reflejo de su personalidad: festivo, ruidoso (con música española de fondo) y con el inconfundible espíritu de una taberna madrileña.
El espacio es pequeño, pero vibrante. Las repisas exhiben vinos, conservas y especias, como si estuvieras en la alacena de un amigo que sabe mucho de comida. Y si el fútbol se vive con pasión en España, aquí también: una bufanda del Atlético cuelga orgullos» en la pared.
UN FESTÍN CON ACENTO ESPAÑOL
Como dicta cualquier taberna que se respete, la comida empezó con un vermut de grifo, esa bebida dulce, especiada y ligeramente amarga que para algunos es gusto adquirido.
Para mí, es amor a primer sorbo. Lo acompañamos con gildas (se pronuncia “jildas”), un pintxo de aceitunas, anchoas y guindillas en vinagre. Pequeñas, intensas y adictivas.
Luego llegaron los callos a la madrileña, un plato lleno de contradicciones. No soy fan de la pancita, pero los callos sí me gustan. Irónico, considerando que la base es la misma: tripas de vaca. Dicen que la pancita mexicana es heredera directa de este platillo, pero la versión española es más suave, con morcilla y chorizo.
Consejo: cómelos rápida porque cuando la temperatura baja, cambian radicalmente.
Después apareció en la mesa un plato polémico en mi casa: huevos rotos. A mí no me encanta llenarme de papas, pero a mi pareja sí.
Para no aburrirse, aquí hay cuatro versiones; pedimos la de chistorray sí, es caibo sobre carbo, pero cada bocado es una delicia Siguiendo con los sabores que me transportan a la cocina de mi padre, la morcilla con pimientos era una parada obligatoria. Llegó en rodajas, con aceite y pan, simple y perfecta.
Luego, los corazones de alcachofa con jamón serrano, pequeños pero explosivos en sabor.
El plato fuerce tenía que ser un arroz. Conocí a Jesús (no religiosamente, aclaro) viéndolo preparar arroces, así que pedimos el arroz meloso. Y aunque no fue mi favorito -tal vez porque no estaba en cocina ese día o porque no fue la mejor jornada para el meloso-, lo compensamos con la tarta vasca. Disfrutar de este postre cremoso y delicado es la forma ideal para cerrar una comida española como se debe.
La reservación es obligatoria, especialmente en fechas concurridas. Y no es casualidad: a pocos meses de haber abierto, ya es uno de los restaurantes más solicitados de la ciudad.
Ometusco #1, Col. Condesa, CDMX.
Tel: 55 5532 8687
Horario: mar. y mié. 13:00-22:00 hrs, jue. a sáb. 13:00-23:00 hrs., dom. 13:00 a 20:00 hrs.
Promedio: $650 pesos










