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Gastronomía

Thierry Blouet: Antes de la cocina, el instinto de emprender

Cuando hoy se habla de Café des Artistes y de sus 35 años de trayectoria en Puerto Vallarta, suele pensarse que todo comenzó en la cocina. Sin embargo, la historia de su fundador, Thierry Blouet, se remonta mucho antes, a una etapa marcada por la curiosidad, el deseo de emprender y una constante búsqueda de caminos propios, lejos todavía de los fogones.

Blouet nació en Puerto Rico en 1964, de padres franceses, y creció entre Francia y México. Durante su infancia y adolescencia vivió en distintos hoteles debido al trabajo de su padre en la hotelería, una experiencia que lo acercó desde muy joven a ese entorno, aunque sin la intención clara de seguirlo.

“Mi sueño desde muy niño era algún día poder trabajar en la hospitalidad aunque, cuando cursaba la preparatoria me dije: voy a trabajar de todo menos en la hotelería”, recuerda.

En esos años, la gastronomía no figuraba como una opción profesional. No existían escuelas especializadas y la cocina era, para él, una actividad cotidiana más que una vocación definida.

“En mis años de preparatoria, la gastronomía no estaba en el radar yo solo cocinaba en la casa, ayudaba a mi mamá a preparar la comida”, cuenta.

Entre plantas, acuarios y primeros negocios

Antes de llegar a dedicarse a la cocina profesional, Thierry exploró otros intereses. Primero se interesó por la economía; después, por la agronomía y todo lo relacionado con el campo, en especial los cultivos hidropónicos, una inquietud que incluso lo llevó a solicitar ingreso a la Universidad de Chapingo, aunque el proyecto no se concretó. Más adelante, el diseño de áreas verdes y la jardinería captaron toda su atención.

Esa afinidad se convirtió pronto en acción. Durante su adolescencia comenzó a cuidar jardines, hacer arreglos florales y elaborar terrarios. Vivía con su familia en el Hotel Continental, ubicado en Paseo de la Reforma, y ahí encontró el escenario perfecto para sus primeras “chambitas”.

Se hizo amigo del jardinero del hotel, lo acompañaba después de la escuela y aprendía de él mientras cuidaban y renovaban las áreas verdes. Con el tiempo, empezó a vender sus arreglos a compañeros de la escuela, especialmente en fechas como el Día de las Madres, y poco a poco armó un pequeño negocio con ayuda de amigos que lo apoyaban a vender plantas y flores en la calle.

Sin embargo, cuando su padre se enteró que vendía arreglos florales en los semáforos de Reforma, no reaccionó con entusiasmo y Thierry se ganó un buen regaño.

Blouet, en cambio, estaba feliz: ganaba su propio dinero y confirmaba que tenía facilidad para crear oportunidades. A la par, incursionó en otros oficios improvisados, como la limpieza y mantenimiento de acuarios, experiencia que surgió tras trabajar un par de semanas en uno y que reforzó su gusto por comprar, vender y experimentar.

La vida en hoteles también lo convirtió en testigo de momentos que marcaron época. La familia habitaba el Continental cuando ocurrió el fuerte sismo del 28 de agosto de 1973, una experiencia que dejó huella en su infancia. Años más tarde, ese mismo hotel colapsaría durante el terremoto del 19 de septiembre de 1985, aunque para entonces ya no vivían ahí.

La lección detrás de los conejos

Entre todas esas ideas tempranas, hubo una que terminó de forma caótica y memorable: la venta de conejos.

“Compraba conejos en el mercado de Sonora, los metía en costales y me iba en el metro, pero en ocasiones me impedían el acceso a este transporte, porque me decían los policías que no podía subir animales. Como vivía con mi familia dentro de un hotel, los escondí en la tina del baño antes de irme a la escuela, convencido de que no pasaría nada, pero se escaparon y empezaron a correr por todo el cuarto; la camarista avisó a mi papá y cuando regresé me dio una hora para que los conejos desaparecieran”, relata.

La aventura terminó sin negocio y sin ganancias. Thierry tuvo que regalarlos y asumir la pérdida de sus ahorros. Sin embargo, la experiencia dejó una enseñanza clara: le gustaba emprender, probar ideas, equivocarse y volver a empezar.

Cristaliza sus sueños

Ese impulso no desapareció con el tiempo. Al contrario, fue tomando forma hasta que la gastronomía apareció como una posibilidad real. En 1990, Thierry Blouet abrió Café des Artistes en Puerto Vallarta, en una época en la que el destino aún no figuraba dentro del mapa de la alta cocina.

A lo largo de los años, el restaurante ha vivido distintas etapas y remodelaciones que han acompañado su evolución. Treinta y cinco años después, una de las más recientes se realizó con motivo de su aniversario, un momento que no solo celebra una trayectoria consolidada, sino que también invita a mirar atrás y reconocer que, mucho antes de la cocina, ya existía un instinto creativo y emprendedor que marcó el rumbo de su historia.

Construlita Proyectos

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