Por Mónica Silva Dávila, analista
El agua es imprescindible para la vida pero como bien sabemos aún hay personas para las que el agua no es segura ni está fácilmente disponible
Pareciera que los Estados Unidos Mexicanos es otro planeta o vivimos dentro de una gran burbuja, porque nunca pasa nada, todo está requetebien o simplemente no se actúa en el presente para un futuro.
El Día después de mañana llegó en 2004 a Nueva York y el Día Cero llegó en 2024 para muchos en nuestro país.
De acuerdo con The Social Water, una fundación dedicada al cuidado del agua, el Día Cero hace referencia a “una fecha fatídica en la que una ciudad, región o país se queda sin la suficiente agua como para satisfacer plenamente las necesidades principales de subsistencia y desarrollo”.
Lo cierto es que ese Día Cero llegó para muchas comunidades desde hace años y llegó para quedarse; en el Sexto Informe de Evaluación de la IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) se enfatiza que: aproximadamente la mitad de la población mundial sufre una grave escasez de agua al menos durante una parte del año.
El Objetivo 6 del Desarrollo Sostenible (ODS 6): Agua limpia y saneamiento, tiene como meta garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos. El Grupo de Trabajo Abierto de las Naciones Unidas considera que puede alcanzarse mediante la aplicación de cuatro principios: 1) separar el agua potable de las aguas residuales; 2) facilitar el acceso al agua potable y tratarla para eliminar contaminantes químicos y biológicos; 3) proteger y recuperar los ecosistemas de agua dulce; y 4) salvaguardar el acceso al agua y el derecho al uso del agua.
El agua es imprescindible para la vida, pero, como bien sabemos, aún hay personas para las que el agua no es segura ni está fácilmente disponible. El estudio de la OMS y la Unicef Progresos en materia de agua potable, saneamiento e higiene en los hogares 2000-2022: atención especial al género, cita que: 2200 millones de personas todavía carecen de agua potable gestionada de forma segura, esto implica que el suministro libre de agua termina y el acceso al líquido comienza a ser racionado. En 80% de los hogares que sufren escasez de agua, quienes son las responsables de la recogida de agua son las mujeres y las niñas, y esto les implica tener que recorrer largas distancias con cargas pesadas y estar expuestas a sufrir violencia; además, les reduce las opciones que tienen de obtener ingresos o de continuar sus estudios.
Contaba la doctora Stroma Cole, en su investigación Preocupaciones por el agua: género, turismo y agua en Indonesia, que en las islas de Labuan Bajo el turismo consume de manera incontrolada el agua e impacta directa y negativamente a las mujeres, ya que la recolección de este líquido vital, que termina en las albercas o en las regaderas de los establecimientos de hospedaje, es un trabajo feminizado.
Cole concluye en su estudio que el turismo neocolonial, la privatización del agua y los sistemas patriarcales tienen importantes consecuencias para el bienestar emocional, físico y financiero de las mujeres.
Aunado a lo anterior, el suministro libre de agua termina y el acceso al líquido comienza a ser racionado, entonces es aleatorio saber el día que fluye el agua y por cuánto tiempo para poder almacenarla. Para los hogares es impredecible el abasto del agua, pero para el sector turístico es un recurso constante e inagotable. Pero, claro, esto no sólo sucede en Indonesia, pasa en todas partes del mundo, y sí, ¡también en México!, para sorpresa de los yasabenquién que siguen negando los hechos y las múltiples consecuencias del cambio climático.
Una de las oportunidades que se les brinda a las mujeres de las comunidades rurales, en cuanto a agroturismo, turismo sustentable o permacultura, está en la creación de huertos familiares o de traspatio, pero es —en la mayoría de los ejidos— donde no se puedan instalar por la falta de este líquido vital, sabiendo que un huerto no sólo representa una opción de abastecimiento de alimentos, sino que reduce las emisiones de CO2 y, por lo tanto, contribuye a la lucha contra el cambio climático, además de ser una estrategia de sustentabilidad ambiental de la economía familiar y una medida de apoyo para reforzar el sistema inmunológico y mental tan debilitado por todo lo que nos consume en la actualidad.
Hace 11 años, el turismo era responsable únicamente del 1% del consumo mundial de agua; sin embargo, los destinos turísticos se siguen enfrentando a nuevos retos, a la competencia por el abastecimiento con otros sectores y a implementar buenas prácticas como: la mejora en la eficiencia y reducción del consumo de agua en atractivos, establecimientos de hospedaje y de alimentos, la inversión en tecnología verde para el saneamiento y el tratamiento de aguas residuales.
Desde nuestro espacio podemos aportar esa gota de agua a quien no tiene, usándola eficientemente y el sector turístico puede ser un gran aliado para la conservación de este valioso recurso hídrico. Los esfuerzos por conservar el agua se acaban y cada segundo que pasa la crisis se agrava. ¡Ya es hora!










