Todo comenzó en Punta Cana a finales de los años 70, aunque hoy es Cap Cana, apenas unos kilómetros al sur, el destino local que se mueve al ritmo del metrónomo del lujo. Inaugurado el pasado mayo y ubicado entre una de las franjas de arena blanca más espectaculares del Caribe y una frondosa y húmeda jungla, el hotel St. Regis Cap Cana se ha convertido desde su apertura en el epítome de la exclusividad en la siempre hospitalaria República Dominicana.
ALBERCA PRIVADA Y MAYORDOMO LAS 24 HORAS
Una buena parte de las habitaciones del St. Regis Cap Cana, todas ellas conectadas a través de corredores abiertos perfectamente mimetizados con el estilo de vida caribeño, cuentan con alberca privada, a la que se accede directamente desde la terraza del cuarto. No es, sin embargo, la única del recinto, que ofrece a sus huéspedes la opción de una piscina más familiar y otra ubicada en el rooftop del edificio, esta con una de las vistas panorámicas más privilegiadas de la isla. Además, el hotel cuenta con un servicio de mayordomo de 24 horas con el que se puede conectar a través de un simple mensaje del celular ya sea para ordenar alimentos del servicio de habitaciones o para reservar en alguno de los restaurantes de la propiedad.
ALTA GASTRONOMÍA
Uno de los grandes atractivos de St. Regis Cap Cana es su apuesta gastronómica. El hotel cuenta con diferentes opciones y conceptos, desde la comida más casual de Marola, con una carta inspirada en el Mediterráneo en la que destacan las croquetas de jamón ibérico, las almejas con limón y vino blanco, y la sugerente paella de mariscos. En Nina, con espectaculares vistas al campo de golf y una cuidada bodega, la carne ejerce como hilo conductor de un menú en el que el Wagyu madurado comparte espacio con la merluza negra con shitake y salsa de miso y entradas y acompañamientos como las ostras con mignonette clásica y aceite de chile asado, el pulpo a la parrilla o las inolvidables papas pont-neuf.
En Cassava, sin embargo, la propuesta culinaria busca el reencuentro con la tradición local a través de platos como la muy personal revisión del sancocho (una contundente sopa que incluye arroz, pollo, aguacate y limón y que es uno de los símbolos de la isla), el crudo de atún con salsa de coco y ají amarillo o el tartar de corazones de palmito con piña, toronja y jengibre. Si lo que se busca es algo más relajado, Cielo Mío, en el rooftop del edificio, cuenta en su menú con deliciosa fingerfood (imprescindible su hamburguesa) en un ambiente tiki-mexicano con vistas espectaculares.

EL MEMORABLE ENCUENTRO ENTRE LA MIXOLOGÍA Y EL FINE DINING
Un axioma de la cadena hotelera estadounidense es que no hay St. Regis sin St. Regis Bar, uno de los emblemas de la marca, y en Cap Cana se lo han tomado tan en serio como el Bloody Mary, coctel emblema de la la sede neoyorquina de la marca y que a lo largo del tiempo ha sido reinterpretado en todas las propiedades de St. Regis en el mundo. En Cap Cana, el histórico combinado se elabora con ron y con una secreta mezcla de especias dominadas por el comino.
¿Su nombre? Quisqueya Mary, un homenaje a la isla. Otra de las tradiciones que St. Regis también mantiene viva en su propiedad dominicana es el ritual del sabrage (apertura de una botella de champagne con un sable o espada), que diariamente se lleva a cabo en el rooftop del hotel una vez que se esconde el sol. En cuanto al menú de alimentos, St. Regis Bar presenta en su carta una cuidada selección de snacks y pequeños platillos (lobster rolls, mini hamburguesas de Wagyu, ostiones con caviar y granizado de ponzu) de inspiración asiática. Una de las grandes sorpresas del viaje.










