CONTENIDOS DEL DÍA

-

Artículos

Fuego nuevo para tu negocio

Una reflexión sobre el espíritu empresarial

No recuerdo exactamente el día en que decidí casarme, pero fue el 20 de junio de 1987 cuando un ramo de rosas rojas protagonizó la escena en la que recibí el sí. A partir de ese momento, mi vida giró alrededor del evento que se llevaría a cabo un año más tarde. Se trataba de una sensación total mente nueva y difícilmente descriptible en términos racionales; era el tiempo de las rosas rojas.

Tampoco recuerdo con exactitud el día en que me propuse poner mi primer negocio, pero el fuego del espíritu empresarial se encendió en algún instante del verano de 1977. Desde entonces me di a la tarea de concentrar todas mis capacidades para lo que sería el debut, a dos meses de distancia, de Crazy Team, un servicio de luz y sonido para fiestas juveniles. También experimentaba una excitación novedosa; era el tiempo de las fogatas campestres.

El tiempo de las velas y de los claveles rosas

1988: El espíritu conyugal se encargó de resolver todo lo necesario para los preparativos del magno evento, desde el vestido de la novia, hasta el viaje de bodas. Recuerdo que tuve que echar mano de todos mis ahorros e incluso pagar altos costos de financiamiento en mis tarjetas de crédito. Pero no importaba: la ilusión de conseguir un objetivo me dio la respuesta a todos los problemas; era el tiempo de los claveles rosas, más duraderos que las rosas rojas.

1977: Por su parte, el espíritu empresarial seguía encendido, ya no de manera impetuosa y desgarbada en forma de fogata campestre, sino ahora más práctico y enfocado a resolver cada uno de los obstáculos que se presentaban: el cansancio de hacer con propia mano parte del equipo buscando economías; la tensión de ver que el tiempo pasaba y que los avances se tornaban lentos; la incertidumbre sobre el acoplamiento armónico de todos los componentes adquiridos por separado; la desesperación de constatar que el dinero se agotaba a la par que las fuentes de financiamiento. Era el tiempo de las velas de cera.

El tiempo de los grandes reflectores y de los alcatraces blancos

Sábado 16 de julio de 1988: La mayor parte de los pendientes habían sido resueltos satisfactoriamente y, aquellos que no, decidí ignorarlos para borrar de mi mente todo lo que me impidiera disfrutar al máximo del día más feliz de mi vida.

Me levanté y fui a la estética, me arreglé y acudí a la sesión de fotos. Más tarde el gran momento: la radiante novia, la entrada a la iglesia, el coro y sus cantos, los invitados y sus sonrisas, el Padre Manuel y su homilía, el diálogo del compromiso y la salida enmarcada por el Aleluya de Händel. Todo parecía un sueño hecho realidad; era el tiempo de los alca traces blancos, más vistosos que los claveles rosas.

Sábado 20 de agosto de 1977: Hice todo lo posible por cuidar hasta el último detalle. No, no era una fiesta más. Se trataba de la materialización de un proyecto por el que había arriesgado mucho y estaba por presentar el examen que evaluaría si mi idea podía seguir adelante.

Todo se encontraba listo: las luces audio rítmicas, secuenciales y estroboscópicas; el cañón y la esfera de mil espejos; los semáforos multicolores y la máquina de hielo seco; el equipo de sonido ecualizado y los baffles balanceados. Todo en su punto al momento que rompieron el silencio las primeras notas de aquella genial composición de Earth, Wind and Fire llamada Fantasía y la gente inundó la pista; era el tiempo de los grandes reflectores.

El tiempo de las linternas de plástico y de las flores de seda

Después de julio de 1988: Con el paso del tiempo las relaciones humanas maduran y se transforman, volviéndose menos espontáneas y más pragmáticas. Los detalles se tornan escasos y la rutina toma el mando ajustando el ritmo vital a lo que más convenga: las rosas rojas, los claveles rosas y los alcatraces blancos sólo se hacen presentes en las fotografías y su lugar en la vida diaria es tomado por flores de seda. Un adorno que dura mucho tiempo y que requiere de pocos cuidados.

Después de agosto de 1977: Conforme transcurren los meses se distinguen con mayor claridad las imperfecciones de los planes y se comienzan a experimentar sus efectos. Los ingresos son menores a lo previsto; los gastos superan lo presupuestado, se cometen errores y se pierden algunos clientes; se manifiestan las limitaciones de la capacidad humana; surge la decepción y se acumula el agotamiento.

Son tiempos difíciles y, de aquella fogata campestre del espíritu empresarial radiante de luz y de calor, sólo queda el recuerdo y su sitio es ocupado por una linterna de plástico que se enciende únicamente por breves momentos cuando la oscuridad es total.

La razón de ser de las fogatas campestres y de las rosas rojas

Nadie puede negar que las rosas rojas existen, pero pocos pueden decir para qué existen. Hace mucho tiempo que el espíritu conyugal se materializó en las rosas rojas para tener un lugar físico en este mundo: el fuerte tallo representa los valores que lo sostienen y la bella flor el amor que lo mantiene vivo. Sin rosas rojas no habría matrimonios, ni me habría casado. A propósito, ¿por qué decidí casarme? Sencillamente porque amaba a mi pareja y quería formar una familia con ella. Tampoco se puede negar que las fogatas campestres existen, pero ¿quién es capaz de decir para qué? Pues sirven de morada al espíritu empresarial: los leños representan los recursos disponibles, su acomodo el riesgo propio de la actividad, y las llamas las ideas que lo mantienen vivo. Sin fogatas campestres no habría empresas. Por cierto, ¿por qué decidí iniciar un negocio? Simplemente porque había encontrado una necesidad social parcialmente insatisfecha y quería ganar dinero ofreciendo una respuesta.

Como institución social, el matrimonio debe estar dispuesto a cultivar los valores, a resistir los embates del entorno y a perdurar por siempre, mientras que la empresa debe estar dispuesta a tomar riesgos, a adaptarse al medio ambiente y a cumplir con su misión más allá de la vida de sus fundadores. Pero no obstante las profundas diferencias entre estas instituciones, las dos buscan trascender.

Para encender una buena fogata campestre

En otras palabras, ¿qué se necesita para ser un buen empresario?

1. Vocación. Al buen empresario le gustan tanto las fogatas campestres como al buen marido las rosas rojas. Debe existir un llamado para desempeñar con éxito el difícil papel, en donde la intuición sea capaz de suplir la falta de preparación; la espontaneidad la falta de planeación; y la creatividad la falta de recursos. Se nace para empresario.

2. Voluntad. El buen empresario acepta encender fogatas campestres tanto como el buen marido cultivar rosas rojas. Por fortuna contamos con la libertad de elegir tomar o no tomar el llamado vocacional, pero el decidir aceptarlo conlleva un compromiso irrenunciable que obliga tanto en las buenas, como en las malas: se vive, se sufre, se goza y se muere siendo empresario.

3. Valentía. El buen empresario está dispuesto a quemarse con el fuego de las fogatas campes tres, igual que el buen marido está dispuesto a espinarse con las rosas rojas. No solamente es necesario tener el llamado y aceptarlo; se requiere la disposición de arriesgar todo para lograr los fines. No existe el empresario cobarde.

Cambia tu linterna de plástico por una fogata campestre

O lo que es lo mismo, ¿cómo puedes celebrar el siguiente aniversario de tu negocio?

1. Recuerda el arduo camino de la fogata campestre a los grandes reflectores. ¿Cuándo se encendió en tu corazón el fuego del espíritu empresarial? ¿Qué hiciste y qué tuviste que sacrificar para volver realidad tu proyecto? ¿Cuánto arriesgaste para lograr tu objetivo? ¿Quiénes estuvieron siempre a tu lado? ¿Cómo fue el día de los gran des reflectores?

2. Reflexiona sobre tu fogata campestre. ¿En qué estado se encuentra ahora? ¿Tiene llamas, brasas o sólo cenizas? ¿Para qué quieres una fogata campestre ? ¿Por qué tienes un negocio? ¿Cuántos leños tienes? ¿Con qué recursos cuentas? ¿Cómo los puedes acomodar? ¿Qué riesgos estás dispuesto a correr? ¿Cómo puedes avivar las llamas? ¿Qué ideas tienes para seguir adelante?

3. Revive el fuego del espíritu empresarial

– Recupera tu vocación: deja que las llamas te cautiven de nuevo.

– Asúmela con voluntad: procede a reconstruir lo que necesite tu fogata.

– Afróntala con valentía: ¡permite que el fuego nuevo incendie tu negocio!

¡Ah! Y no te olvides de enviar rosas rojas.

AH, Año 18, E-F 2009

Construlita Proyectos

Construlita Proyectos

-

Related posts
Artículos

México lidera el boom de las cocinas fantasma: El nuevo rostro invisible del delivery

Las dark kitchens se multiplican a ritmo acelerado en México, impulsadas por plataformas digitales…
Read more
Artículos

Contra la gentrificación por culpa del futbol

Por Ricardo Contreras Reyes en Pase de Abordar / Una manifestación ciudadana de diversas…
Read more
Artículos

Las agencias, ante el caos y la alerta por la escalada en Medio Oriente

La escalada de violencia en Oriente Medio, marcada por la ofensiva conjunta de Estados Unidos e…
Read more

Intégrate a la comunidad del sector de la Hospitalidad.
Suscríbete a nuestro boletín de noticias aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *