Con el desarrollo de las grandes cadenas hoteleras y el crecimiento de la industria restaurantera, el nivel de demanda y competencia entre las empresas ha provocado que la calidad del servicio tenga estándares cada vez más elevados.
México es considerado uno de los países con los mejores anfitriones del mundo en cuanto a hotelería y turismo se refiere y no es de extrañar toda vez que la calidez y la hospitalidad son rasgos propios de los anfitriones mexicanos. Tan solo en junio de este año se han recibido más de 3 millones 363 mil turistas internacionales, que han dejado una derrama económica estimada de 2 392.1 millones de dólares según datos oficiales.
Cuantas veces hemos utilizado el dicho popular, “mi casa, es tu casa”, una muestra del “ADN” en la hospitalidad mexicana, ya sea, cuando recibimos invitados en casa o aun nivel más alto, en hoteles, restaurantes y atractivos turísticos que reciben con los brazos abiertos a todo aquel que arriba de su tierra deseoso de conocer nuestra gastronomía, cultura y gente.
Para los chefs de Lyncott es de reconocer que recibir a los invitados, huéspedes o turistas, es una gran responsabilidad que se le da a los anfitriones mexicanos, para que con su calidez y alegría dejen en los visitantes, a su partida, un buen sabor de boca.

A partir de la década de los 50’s crece la diversidad gastronómica y con ello nace la gastronomía internacional, México conserva su cocina, pero adapta sus servicios y productos para satisfacer los gustos locales e internacionales.
Es así como la necesidad de fusionar y refinar sabores lleva a los cocineros y chefs de alta cocina a consentir y recibir a sus comensales y huéspedes con sencillas y finas recetas.











