Por Héctor Pérez García
Actualizado por So Hee Beak
¿Cómo entender la comida del futuro ante la paradoja que se nos presenta?
Mientras los países ricos producen más comida de la que consumen y las naciones pobres sufren hambrunas, grandes empresas trasnacionales impulsan el coloniaje de la producción de granos empleando semillas transgénicas con el supuesto objetivo de producir más alimentos que con semillas tradicionales; otra organización mundial propone la sustentabilidad, y el mundo espectador se prepara para comer sobrantes de comida.
Pero lo cierto es que aquellos países que adopten estas medidas se convertirán en dependientes de dichos gigantes. Por fortuna México ha tomado sus precauciones ante tal coyuntura.
Al respecto, existe una filosofía que se difunde mundialmente bajo el nombre de Slow Food (lo contrario a Fast Food). Un movimiento que se ha diversificado para salvaguardar las tradiciones gastronómicas regionales, así como los métodos de cultivo y cría, y se ha declarado desde hace más de una década a favor de la biodiversidad al fundar la Escuela de Ciencias Gastronómicas.
Encabezado por el italiano, Carlo Petrini, Slow Food se ha extendido por muchos países del planeta, adoctrinando la conservación de los valores y cultura de los pueblos, así como el respeto a la naturaleza y defensa de la identidad. Todo, comenzando con la comida.
De hecho, Petrini inició su movimiento en su natal Turín, al norte de Italia, combatiendo la profusión del Fast Food, representado por las omnipresentes, McDonald’s y Pizza Hut, entre otros.
La soberanía alimentaria es el objeto político más importante del mundo predica el señor Petroni. Pero el hecho de que actualmente no sea la tierra el objeto de la codicia, sino las semillas, cuyo 80% es propiedad de cuatro trasnacionales (Monsanto, la principal de ellas), el nuevo Slow Food, en voz de su presidente, acusa la esquizofrenia de un sistema alimentario criminal que, utilizando más energía de la que contienen los alimentos para el hombre, produce más comida de la que necesitaría la población mundial.
Y si sumamos a quienes no comen (siete millones sólo en México), simplemente para mantener los precios cada año se destruye un 45% de lo producido por medio sistemas que devastan la biodiversidad y expulsan a los campesinos en migraciones crecientes por el mundo.
¿Cómo cambiar?
La propuesta ante este proceso criminal sería combatiéndolo por tres frentes:
- Contra el desperdicio.
- Por la defensa de los pequeños productores.
- Tratando de incidir en la economía global contra el neoliberalismo.
Además, se nos recomienda: “México puede dar a la humanidad una lección: Nunca más lo que va contra la economía y la agricultura local, comer siempre lo mexicano, es la revolución” -prediciendo-, “los últimos serán los primeros: ancianos sabios, campesinos, mujeres, indígenas… Fue culpa de nuestra generación haber adoptado una visión financiera de la vida, porque en ella no hay futuro.”
Una notable aplicación
En contrapartida, la realidad está superando los sueños. Por ejemplo, en los Estados Unidos, país donde se ha comenzado a actuar con pragmatismo en cuanto al aprovechamiento de los alimentos sobrantes, algunas ciudades al Este han iniciado pruebas con aplicaciones (Apps) para comercializar con este tipo de comida, una de ellas se llama ParUp.
ParUp permite a los dispositivos conectados en las redes sociales intercambiar o comprar sobras de comida en tiendas, supermercados o restaurantes.
Y aunque el sistema está en proceso de desarrollo, con éste se podrá comprar comida a un precio más reducido, y los establecimientos antes mencionados podrán poner su excedente en la base de datos de la App detallando cantidad, precio y disponibilidad (día y hora).
Los usuarios tendrán acceso para revisar todo lo que se ofrece y, después de elegir lo que más les interese, realizar la transacción y recoger su compra en el establecimiento.
La aplicación ha generado cierta polémica, ya que algunas personas que dirigen bancos de alimentos ven en ParUp una amenaza, pues lo que antes se entregaba de forma gratuita para dar de comer a los necesitados ahora se podría utilizar para intentar sacar algo de provecho.
Pero sus desarrolladores aseguran que esta App no representa peligro alguno, ya que afirman que sólo se utilizaría una pequeña parte de esos alimentos que terminarán siendo desperdiciados, aunque todavía hay quien duda de sus argumentos. Se espera que ParUp esté disponible para dispositivos con plataforma iOS primero y posteriormente para los sistemas Android.
Y aunque su descarga será gratuita, al no ser una aplicación altruista sus desarrolladores obtendrán un porcentaje no especificado de cada venta.
¿Cuál sería entonces el modelo del restaurante del futuro?
Por un lado, las naciones ricas donde los alimentos sobran impulsan la sobreproducción de cereales, carnes y otras materias primas. Pero por otro se piensa en cómo utilizar la sobreproducción de alimentos parcial o completamente procesados.
Es aquí donde debe considerarse la filosofía del Slow Food para no dejarse llevar por la avaricia de las grandes corporaciones trasnacionales. Si hubiera la posibilidad de comprar mercancías a punto expirar su vigencia, y que los restaurantes puedan sacar los excedentes de un día cualquiera a precios reducidos. Mientras el concepto de sustentabilidad que predica Slow Food es moral y conlleva a la calidad y al profesionalismo, el mercantilismo sin fin de los nuevos instrumentos de venta de alimentos sobrantes podría ser una peligrosa medida de operación para la industria.










