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Las propinas

Por Eduardo López Betancourt en Diario Basta

El tema de las propinas se ha convertido en toda una monserga. Constituye un gasto extra a cambio de nada, simplemente son egresos que no se controlan, no se tiene comprobante de ellos, y además implican dinero, que bien puede llamarse “nebulosa” hasta convertirse en ilícito. En efecto, quien las cubre, no las puede justificary quien las recibe, no paga por ellas impuestos, y es todo un manejo encubierto por una gran dosis de inmoralidad.

En un sinnúmero de actividades, este plus se vuelve obligatorio, pero más aún, hay empleados que subsisten de las gratificaciones o bien es su complemento salarial, es su único o más importante ingreso. Por ejemplo, gasolinerías tienen trabajadores supuestamente “honoríficos” que solo viven de las gratificaciones, en las calles, un incalculable número de personas que se mantienen de las dadivas, ahí están los “viene, viene…” y en general el mundo de la economía informal, el manejo de esos dineros resulta cotidiano, al extremo que es imprescindible y hasta obligatorio.

Donde son más evidentes las bonificaciones es en el mundo de los restaurantes, donde se llega a excesos, que se hacen obligatorias en ocasiones, por ejemplo, en nuestro País, además de la cuenta, en el mejor de los casos se tiene que entregar un 15% más, pero hay otros ámbitos, como en Estados Unidos, donde se llega a exigir hasta el 25%, nótese, usted adquirió alimentos y bebidas por 100 pesos, tendrá que pagar una cuarta parte de cuyo dinero no hay control fiscal, dándose una situación muy desagradable que solo origina molestias al consumidor.

En Europa, en ese tema de restaurantes, dieron un gran paso, al impedir las primas, dándole a los trabajadores de la industria salarios justos, pero tan buena práctica, ya empieza a decaer, y en países como Francia se está volviendo nuevamente obligatorio el pago de estas extras.

Definitivamente, el otorgar algún estipendio fuera de lo que es correcto, debe ser voluntario, pero lo mejor es que las mismas se prohíban y se considere indignante darlas, como recibirlas, tal como sucede hoy en Japón, donde ningún trabajador de hotel, restaurante y demás sitios acepta “tales limosnas”, y hasta consideran humillante recibirlas.

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