Hay una forma rápida de saber si un restaurante de mar habla en serio: qué tan cerca está del origen. En Luzia, la respuesta no está en la narrativa, sino en el calendario. El producto sale de Mazatlán, se mueve en horas y, cuando llega al restaurante manda. Por eso aquí conviene pedir como se pide en la costa: preguntando qué hay hoy y dejando que la frescura decida el rumbo de la comida.
El proyecto lo fundó Alejandro Del Águila. La intención es que la visita se lea desde el Pacífico: calidad del ingrediente, atención al detalle y una mesa pensada para comer con calma, sin teatralidad, ni show.
La carta se arma alrededor del mar, no al revés. Aparecen tiradito de atún, quesadillitas de pescado, un risotto con callos, un aguachile, croquetas, y hasta un pescado zarandeado además de los especiales del día, que funcionan como termómetro de temporada y frescura.
Si hay una regla para entender Luzia es esta: pregunta qué llegó. La cocina presume producto que sale del mar y aterriza en la capital el mismo día. Un ejemplo de esa dinámica: marlín convertido en tostada a la mexicana con cremoso de habanero, un guiño directo a Sinaloa. Cómo reconocer frescura en el plato.
Dónde: Anatole France 70, Polanco.










