Para Alberto Muñoz, Associate Vice President de Virgin Voyages para México y Latinoamérica, una parte importante de los prejuicios alrededor de los cruceros comienza en la comida: buffets multitudinarios, platillos producidos en grandes cantidades y restaurantes especiales que requieren pagos adicionales. Virgin Voyages decidió retirar esos elementos desde el diseño de sus barcos y ahora lleva esa propuesta al mercado mexicano.
La llegada de Virgin Voyages a México corresponde al inicio formal de sus operaciones comerciales en el país, desde donde busca acercar su oferta al viajero nacional.
Actualmente, su flota está integrada por Scarlet Lady, Valiant Lady, Resilient Lady y Brilliant Lady, con más de 80 itinerarios que conectan alrededor de 90 puertos. Las rutas incluyen travesías por el Caribe con salidas desde Miami y San Juan, recorridos por el Mediterráneo y el norte de Europa, además de una temporada en Alaska. Algunos itinerarios incorporan estancias nocturnas o salidas más tarde de los puertos para ampliar el tiempo disponible en destinos como Ibiza, Míkonos, Ámsterdam y El Cairo.
“Estamos felices de llegar a México y más con nuestras propuestas gastronómicas. Muchas personas piensan que viajar en crucero significa mucha gente y comida muy mala en buffet”, reconoce el Associate Vice President de Virgin Voyages para México y Latinoamérica. La compañía, explica, partió precisamente de esos cuestionamientos para desarrollar un concepto exclusivamente para adultos que se alejara de la experiencia masiva.
La gastronomía terminó por convertirse en uno de sus mayores diferenciadores. Actualmente, sus barcos cuentan con más de 20 alternativas para comer, entre ellas seis restaurantes de especialidad incluidos en la tarifa, sin cargos adicionales por reservar en ellos.
“No tenemos buffet. Toda la comida se prepara al momento”, señala Muñoz. Esto no significa reducir la variedad, sino cambiar la manera de producir y servir los alimentos.
El espacio que sustituye al buffet se llama The Galley. Funciona como un salón con distintas cocinas abiertas en las que se preparan hamburguesas, paninis, tacos, sushi, ensaladas y otras opciones conforme los pasajeros las solicitan.
La flexibilidad también se extiende a los horarios. El desayuno puede pedirse desde las 7:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde, una decisión pensada tanto para quienes comienzan temprano con una clase de ejercicio como para quienes despiertan al mediodía después de una noche de fiesta.
“¿Por qué le voy a imponer a un pasajero a qué hora tiene que comer?”, cuestiona Muñoz al recordar que la libertad de horarios ha formado parte de la filosofía de Virgin desde sus proyectos en la industria aérea. Un viajero puede comenzar su jornada mientras otro apenas termina la noche, por lo que obligarlos a seguir la misma rutina resulta contrario a la experiencia que busca la marca.
La oferta a bordo incluye carnes y mariscos, parrilla coreana, cocina contemporánea, italiana, española, alternativas vegetarianas y un restaurante experimental inspirado en las técnicas de la cocina molecular. Los restaurantes buscan acercarse, de acuerdo con Muñoz, a la presentación y calidad de una experiencia gastronómica en tierra, pero sin convertir cada cena en un gasto adicional.
Un restaurante mexicano bajo la mirada de mexicanos
La relación con el mercado nacional no se limita al inicio de operaciones comerciales en el país. Dentro de los barcos existe Pink Agave, una propuesta que Muñoz define como un restaurante de cocina mexicana y no como una adaptación Tex-Mex.
En su carta aparecen cochinita pibil, flautas de pollo, preparaciones con pato, tortillas y una selección de destilados mexicanos. Para Muñoz, presentar estos platillos ante pasajeros nacionales supone una prueba más exigente que servirlos a viajeros que conocen la cocina mexicana únicamente fuera del país.
Cuenta que, durante sus primeros viajes con grupos mexicanos, solía observar con cautela su reacción. Una pasajera comparó la cochinita con la receta de su abuela y destacó que, aunque tenía una interpretación más moderna, conservaba sabores reconocibles. Otra le dijo que nunca había comido comida mexicana de ese nivel dentro de un barco.
Más que replicar de forma literal las cocinas regionales, la intención es ofrecer una lectura contemporánea que resulte creíble para el público mexicano y comprensible para pasajeros de otras nacionalidades.
Menos exceso y menos desperdicio
La eliminación del buffet también responde a una cuestión operativa. Preparar únicamente lo que se ordena permite reducir la cantidad de alimentos que permanecen expuestos y que terminan desechándose.
“La única comida que hay que tirar es la que el pasajero pidió y no se comió”, afirma Muñoz. Las porciones, añade, son razonables y están diseñadas para terminarse, aunque cualquier persona puede repetir un platillo cuando lo desee.
La tarifa incluye todos los restaurantes, las bebidas sin alcohol, el café, el té, los jugos y el acceso a las actividades de bienestar y entretenimiento. La compañía calcula que este modelo puede representar un ahorro importante frente a los cruceros donde los restaurantes, el internet, las clases y distintas bebidas se pagan por separado.
Las bebidas alcohólicas funcionan de otra manera. En lugar de obligar a todos los ocupantes de una cabina a comprar un paquete diario, la naviera utiliza un crédito que puede ser individual y compartirse con otros pasajeros.








