Las grandes ciudades de Suiza son preciosas, sofisticadas y modernas, pero si lo que imaginas son chalets de madera, praderas verdes, granjas de montaña, vacas con cencerros y los Alpes dominando el horizonte, Interlaken y sus alrededores se acercan mucho más a esa Suiza que probablemente llevas años queriendo conocer. Aquí, muchas de esas imágenes no son recreaciones para viajeros, sino tradiciones y formas de vida que continúan existiendo.
Y eso es precisamente lo que sorprende al llegar. Puedes descubrir cómo se fabrica uno de los instrumentos más emblemáticos del país, escuchar canciones que nacieron entre montañas, probar quesos ligados a antiguas costumbres agrícolas o encontrarte con un rebaño cubierto de flores atravesando Interlaken camino a casa.
Primero, ¿qué es exactamente un alphorn?
Imagina un enorme instrumento de viento hecho de madera, de alrededor de 3.5 metros de largo, apoyado sobre el suelo y con el extremo curvado hacia arriba como un gran cuerno. Ese es el alphorn, uno de los símbolos de los Alpes suizos y un instrumento que, a pesar de su tamaño, no tiene válvulas ni teclas.
Su origen está ligado a la vida en las montañas. Su potente sonido servía para comunicarse a distancia entre pastores, granjas y comunidades alpinas, y con el tiempo terminó convirtiéndose en uno de los sonidos más representativos de Suiza.
En Habkern, muy cerca de Interlaken, puedes descubrir cómo se sigue fabricando. En Bernatone Alphornbau, Heinz Tschiemer y su familia transforman madera de los bosques de la región en alphorns siguiendo un oficio tradicional que todavía se mantiene vivo.
En el taller puedes conocer el proceso desde el tronco hasta el instrumento terminado, visitar un pequeño museo e incluso intentar sacarle una nota. Es ahí cuando queda bastante claro que hacerlo sonar bien es mucho más difícil de lo que parece.
Y sí, eso que escuchas es yodel
Tal vez no conoces la palabra, pero probablemente reconoces el sonido. El yodel es una forma tradicional de canto en la que la voz cambia rápidamente entre registros graves y agudos, creando esas llamadas tan particulares que inmediatamente te transportan a los Alpes.
Y si al imaginarlo tu mente se va directo a Heidi, la niña de las montañas, vas por buen camino. Praderas verdes, vacas con cencerros, montañas inmensas y voces alpinas a lo lejos; prácticamente solo falta que Heidi aparezca corriendo por la ladera.
Pero el yodel viene de mucho antes que las caricaturas. Los llamados vocales formaban parte de la vida de las comunidades alpinas, donde la voz podía viajar a través de grandes espacios abiertos; con el tiempo evolucionaron hasta convertirse también en canciones y en una expresión cultural transmitida de generación en generación.
En la región de Interlaken todavía forma parte de celebraciones y de la música tradicional suiza. Escucharlo entre montañas hace que esa Suiza que muchos conocemos desde niños de pronto se sienta mucho más real.
El queso tiene una historia antes de llegar a tu mesa
Durante los meses cálidos, el ganado sube a los pastos alpinos y la leche se transforma en queso en granjas y queserías de montaña. Detrás de algo tan cotidiano como una rueda de queso existe un calendario agrícola que durante generaciones ha marcado la vida de estas comunidades.
Uno de los mejores ejemplos está en el valle de Justistal, cerca del lago Thun. Ahí se celebra el Chästeilet, una tradición que se remonta a 1739 y que marca el final de la temporada alpina, cuando el queso producido durante el verano se reparte entre los granjeros según la cantidad de leche aportada por sus vacas.
Eso es lo que lo hace tan especial. No es un espectáculo creado para visitantes, sino una tradición que todavía conecta a los productores, los animales, las montañas y el queso que finalmente llega a la mesa.
La Suiza que esperabas encontrar sigue aquí
Las ciudades suizas pueden ofrecer arquitectura contemporánea, diseño, gastronomía y una vida urbana impecablemente organizada. Pero si buscas una Suiza donde las montañas dominen el horizonte, las construcciones tradicionales formen parte del paisaje y costumbres con siglos de historia continúen presentes en la vida diaria, Interlaken muestra una cara completamente distinta del país.
Descubre cómo se fabrica un alphorn, reconoce un yodel entre las montañas, prueba un queso con siglos de historia detrás, observa a las vacas cubiertas de flores regresar del verano alpino y mira cómo un trozo de madera se transforma en manos de un artesano. En Interlaken, la tradición suiza no está guardada detrás de un cristal: todavía se fabrica, se canta, se saborea y se vive.








