Una experiencia gastronómica donde el producto fue el verdadero protagonista
Por Raúl Iriarte
La cocina mexicana vive uno de sus momentos más interesantes cuando las regiones salen de sus fronteras para compartir su identidad culinaria. No se trata únicamente de trasladar recetas; se trata de transportar historias, ingredientes, técnicas y una forma de entender el territorio.
Con ese espíritu, Asador 51 abrió sus puertas para presentar el menú degustación “Del Mar de Sinaloa”, una experiencia encabezada por la chef invitada Alma Cervantes Cota, en colaboración con el chef anfitrión Gustavo Reyes García, quienes ofrecieron una cena diseñada para mostrar la riqueza gastronómica del Pacífico mexicano desde una visión contemporánea.
Desde la llegada quedó claro que no sería una comida convencional. El ambiente fue relajado, cercano y cordial. Ambos chefs recibieron personalmente a los invitados, explicando cada platillo y compartiendo las historias detrás de los ingredientes y de las recetas que formarían parte del recorrido culinario.
Más que un menú, se trató de una conversación entre la cocina sinaloense y el comensal.

El mar como hilo conductor
Durante la presentación, la chef Alma Cervantes explicó que el propósito del menú era ofrecer apenas una “probadita” del proyecto gastronómico que prepara para el futuro.
La propuesta giró alrededor del mar, privilegiando productos frescos, técnicas sencillas y sabores limpios que permitieran apreciar la calidad de cada ingrediente.

La experiencia comenzó con una delicada combinación de callo de hacha, camarón y otros mariscos acompañados por una salsa negra y un ligero caldo que abría el apetito sin saturar el paladar.
Fue un inicio elegante que anunciaba el tono de toda la degustación.
Frescura mediterránea con acento mexicano
El segundo tiempo presentó un refrescante gazpacho de frutas acompañado de langostinos, reinterpretando un clásico español bajo una mirada más tropical y marina.
La chef aprovechó este momento para compartir uno de los principios que guían su cocina: el consumo responsable de especies permitidas y la importancia de promover una pesca sustentable, tema en el que participa activamente como integrante de una organización dedicada a impulsar mejores prácticas para el aprovechamiento de los recursos del mar.
Ese compromiso añadió profundidad al discurso gastronómico.
No sólo se degustaban platillos.

También se compartía una filosofía.
El platillo que ya es una firma personal
Uno de los momentos mas esperados de la noche llegó con un ceviche de nueva generación, probablemente la preparación más representativa de Alma Cervantes de la muestra.
La chef relató la historia detrás de este platillo, nacido casi por casualidad en un restaurante japonés de Culiacán cuando un cliente pidió algo diferente al menú habitual. Aquella improvisación terminó convirtiéndose en una receta emblemática que hoy la acompaña en festivales gastronómicos por todo el país.
El ceviche reúne camarón fresco, camarón crujiente, pulpo, tocino y un extraordinario callo de hacha recién llegado de Baja California.
La combinación resulta sorprendente.
Existe una armonía poco común entre la delicadeza del marisco, la textura crocante y el ligero toque ahumado del tocino, generando un platillo complejo pero perfectamente equilibrado.
Fue, sin duda, uno de los grandes protagonistas de la velada.
Tradición sinaloense reinterpretada
El recorrido continuó con un burrito de chilorio de atún acompañado de los tradicionales frijoles puercos.
Aunque el formato resulta sencillo, el resultado demuestra cómo ingredientes profundamente regionales pueden adquirir un lenguaje contemporáneo sin perder autenticidad.
La chef comentó con humor que esperaba que los asistentes disfrutaran especialmente los frijoles, despertando sonrisas entre los presentes y reforzando el ambiente cálido y cercano que predominó durante toda la experiencia.
Un cierre pensado para reiniciar el paladar
Como toda buena degustación, el final también tenía un propósito técnico.
El postre consistió en un terrine de chocolate acompañado de cerezas maceradas en ron y helado de vainilla.
Más allá del placer evidente del chocolate, la chef explicó que había sido elegido para limpiar completamente el paladar después de la intensa presencia de los sabores marinos, permitiendo cerrar la experiencia con un perfil totalmente distinto.
La armonía con un vino tinto completó un final elegante y bien construido.

Una experiencia integral
Cada tiempo fue acompañado por una cuidadosa selección de bebidas, alternando cervezas y vinos que acompañaban la evolución del menú sin competir con los sabores.
Lejos de buscar maridajes complejos, la intención fue mantener la frescura y permitir que el producto siguiera siendo el centro de atención.
Esa sencillez resultó uno de los mayores aciertos de la experiencia.
Dos chefs, una misma filosofía
Más allá de la calidad de los platillos, uno de los aspectos que merece destacarse fue la hospitalidad mostrada por los chefs Alma Cervantes y Gustavo Reyes.
En ningún momento la experiencia se sintió distante o ceremoniosa.
Por el contrario, ambos cocinaron, conversaron, respondieron preguntas y compartieron historias que acercaron a los asistentes al origen de cada receta.
Esa cercanía convirtió una degustación gastronómica en una experiencia mucho más personal.









