La fachada colorida del restaurante Doña Vero, en la Ciudad de México, es reflejo de los tonos con los que la cocinera ha pintado parte de su historia, los mismos que se ven en cada uno de los mandiles que porta día a día, en tonalidades de su cálida personalidad.
“Yo no sabía hacer tortillas”, cuenta en entrevista la cinco veces campeona del concurso de quesadillas que se organizaba en la alcaldía Magdalena Contreras.
Hace más de 5 años Verónica Mendoza era la cocinera en un boliche y en los torneos preparaba los guisados de la taquiza que se daba en las premiaciones. Su sazón tuvo tanto éxito que la motivó a emprender, pero cuando renunció tenía un nuevo reto: darse a conocer para alimentar a otros y da de comer a sus hijos.
“Había visto los eventos que se hacían en la alcaldía y dije: ”bueno, pues hay que pedir un espacio”. Me di a la tarea de solicitar uno, aunque me dieron mil vueltas. Creo que los aburrí, hasta que me dijeron un día: ”está bien, véngase a vender tacos”.
Aunque en mi mente no tenía planeado ni de bistec ni de longaniza, como ellos pidieron, no pensaba llevar comal o estufa. Mi intención era montar la mesa con los guisados. Pero yo les decía que sí a todo”, comenta la mujer.
Verónica aceptó cualquier reto para vivir de cocinar. Se describe como “la señora que no sabe decir que no”.
“En 2005 empecé como independiente, y en 2007 se armó un concurso en la delegación; lo quisieron implementar como una feria regional y pensé: ”si no voy a este evento, no voy a tener dinero para sobrevivir este mes”. La sorpresa para la cocinera fue que la competencia no era de tacos, pues tenía que llevar quesadillas.
“La convocatoria decía que se tenía que preparar la más rica y original, pero yo decía: ¿qué tiene de original una quesadilla?”. Entonces me fui por un guisado diferente. En ese entonces se me ocurrió el chilorio de pavo”.
Doña Vero recuerda que su competencia -o vecinos quesadilleros, como ella prefiere decir- preparaban tortillas con mucha facilidad; enormes y bonitas, muy profesionales. “Hacían sus tortillas y las volaban. ”¡Dios mío!”, pensé yo, ”qué estoy haciendo aquí”.
Yo no sabía hacer tortillas, pero como pude, saqué mi evento de las quesadillas”.
Hasta el día del concurso, la taquera y hoy quesadillcra, no había pensado en adornar su creación. Así que dejó el comal y corrió a un mercado cercano a buscar un plato de barro, jitomate y lechuga, algo con qué emplatar. No encontró ni un sólo plato en todo el lugar, pero sí personas solidarias que le prestaron una pieza y luego se la regalaron. Ese día se coronó como ganadora, y ahora ese plato de barro con figuras verdes es uno de sus grandes tesoros.
Al siguiente año, Verónica, ya experta en la masa, empezó con pruebas de color hasta que llegó a la tortilla verde con espinaca y a sus guisos exóticos con carne de avestruz, venado- borracho, guajolote en gusanos de maguey o el xoconostle -uno de los ingredientes característicos de su cocina -. Ganó el concurso a la mejor quesadilla en cinco ocasiones.

DEL CHANGARRO AL LOCAL
Verónica comenta que cuando abrió su primer restaurante en la alcaldía Magdalena Contreras no tenía una carta, pensaba en comida corrida y antojitos. Comenzó con caldo de hongos, muy tradicional de la alcaldía, pero con su toque personal.
“Con los concursos me fui haciendo de público y la gente me buscaba. Empecé a salir a distintas partes de ciudad y en el Estado de México, y de ahí nos surgió la inquietud de poner un establecimiento para que la gente nos encontrará más fácil”, explica.
Así fue como abrió en la colonia Roma Sur en 2019. y aunque el contexto de la pandemia por Covid-19 fue difícil, a la fecha su proyecto se ha sumado a causas sociales. Primero envió gorditas al personal médico con mensaje especial incluido; luego obtuvo reconocimientos como Ganadora del programa Backing International Small Restaurants de American Express México por su aportación a la cultura, a la inclusión de las diversidades LGBTQ+ y de personas con discapacidad.
En el lugar se organizan catas para personas invidentes o eventos musicales, por medio de vibraciones, para los comensales. Aquí hay cartas en braille y es sede de actividades que involucran a la comunidad LGBTQ+, entre múltiples acciones.
“Estamos todos en este mundo, entonces tenemos que empezar a buscar la forma de que todos quepamos en él.
“Es gente que está ávida de una distracción, que se siente de verdad muy excluida de no poder ser partícipes de muchas cosas”, cuenta Verónica.
QUÉ COMER EN DOÑA VERO
Chocomezcal flameado con mezcal, tlayudas de 38 centímetros, quesadillas con las que ha ganado concursos a la mejor quesadilla, enmoladas, pozole tradicional o vegano, gorditas y tlacoyos light (porque no llevan grasa y van al comal) o pambazos con chapulines son sólo algunos de los platillos del restaurante. También ofrecen productos de temporada como el pulque de cempasúchil, los tamales o las cenas durante Navidad.
Además, Doña Vero tiene, todo el año, tacos en forma de corazón por si quieres ponerte romántico. Hay de lo más tradicional -como pastor, bistec y pechuga- a lo vegano -con lentejas y nopales-, pero también de avestruz, o jabalí.
Los antojitos de Verónica son saludables. Algunas de sus opciones nos recuerdan la dieta prehispánica hecha con ingredientes de la milpa e insectos. Ella quiere derrumbar el mito de que las garnachas dañan.










